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La alquimia de la historia: Como en el pasado, denuncias recientes por actos de decencia hacia los migrantes llevan a la humanidad ante los tribunales

Hannah Markay  |  17 de agosto 2019  | Traducido del inglés

El monumento al Saint-Malo en Jersey es un homenaje a la operación de rescate que salvó a cientos de personas en el canal de la Mancha. Wikipedia Commons 

¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para ayudar a otra persona? Esta pregunta es engañosamente sencilla; la respuesta, no tanto. Antes de contestar, plantéate por favor las siguientes cuestiones:

¿Le darías a alguien un cepillo de dientes y una pastilla de jabón?

¿Llevarías en tu coche a alguien que lo necesitase?

 

¿Ayudarías a alguien a encontrar un lugar en el que pasar la noche?

 

¿Harías lo posible para que evitar que alguien fuese torturado?

 

¿Intentarías rescatar a alguien a quien vieses ahogándose, le darías después una manta?

 

¿Harías lo posible para que esa persona llegase a la orilla?

 

El objetivo de este ejercicio no es conseguir todos los puntos. La cuestión es que, si respondiste afirmativamente a alguna de las preguntas de arriba, tus actos se encuentran entre lo superfluo y lo potencialmente delictivo.

 

¿Le darías a alguien un cepillo de dientes y una pastilla de jabón?

 

Hace poco, una abogada del Departamento de Justicia de EEUU defendía que hacer dormir a los niños migrantes sobre losas de hormigón sin acceso a jabón ni cepillos de dientes podría cumplir con los requisitos de seguridad e higiene establecidos en la resolución de 1997 sobre el trato obligado a los menores detenidos.

 

¿Llevarías en tu coche a alguien que lo necesitase?

 

En Dinamarca, alrededor de 230 personas fueron imputadas por tráfico de personas o de asistencia al “tránsito clandestino” en 2016, por actos como ofrecer a personas sirias un café y llevarlas en coche dentro del propio país o en barco hasta la vecina Suecia. La pareja que llevó en coche a una familia siria y les invitó a un café fue acusada de “tráfico de personas” por el Tribunal Supremo de Dinamarca. Por otro lado, un profesor de 72 años tuvo que pagar una multa de 1.500 euros por llevar a una joven y a un adolescente desde Niza hasta la estación de Antibes en Francia. Así mismo, un guía alpino francés se enfrenta a cinco años de prisión por ayudar a una mujer embarazada nigeriana y a su familia a cruzar de Italia a Francia entre la nieve. Esta lista no es para nada exhaustiva.

 

¿Ayudarías a alguien a encontrar un lugar en el que pasar la noche?

 

En Bélgica, solo fueron absueltas de cargos por “tráfico de personas” cuatro de las ocho personas que permitieron pasar la noche en sus casas a refugiados que se dirigían al Reino Unido. De manera similar, Ferdinand Bosson, alcalde de Onnion (Francia) fue multado con 1.500 euros por alojar a una familia después de que su petición de asilo hubiera sido denegada.

¿Harías lo posible para que evitar que alguien fuese torturado?

 

En 2016, dos mujeres islandesas fueron detenidas por intentar conseguir el apoyo de los pasajeros de un avión para evitar la deportación de un hombre nigeriano. En 2019, Elin Ersson, estudiante sueca, se enfrentó a una multa por retransmitir en directo el intento de detener la deportación de un hombre afgano. Antes de que se anulase la sentencia, los activistas conocidos como Stansted 15 habían sido condenados por un delito relacionado con el terrorismo, tras haberse encadenarse a un avión a punto de deportar a varias personas a países donde corrían riesgo de recibir torturas.

 

¿Intentarías rescatar a alguien a quien vieses ahogándose, le darías después una manta?

 

Una activista siria, Sarah Mardini (quien, nadando junto a su hermana – miembro del Equipo Olímpico de Atletas Refugiados de 2016 –, consiguió llevar a la orilla el barco en el que viajaban), estuvo detenida durante 107 días por su participación en el Centro de Respuesta ante Emergencias en Lesbos, Grecia. Si bien ella y otro voluntario, Sean Binder, fueron puestos en libertad hace poco, aún podrían enfrentarse a penas de hasta 25 años por facilitación de tráfico de personas, espionaje y blanqueo de capitales, por proporcionar asistencia inmediata a migrantes.

 

Un barco de búsqueda y rescate, el Iuventa, operado por la ONG Jugend Rettet, fue “cautelarmente” embargado en Lampedusa, Italia, en 2017, para evitar cualquier actividad delictiva. 10 miembros de la tripulación, los Iuventa10, siguen esperando juicio para decidir si serán finalmente condenados a 30 años de prisión por ayudar a la inmigración ilegal.

 

¿Harías lo posible para que esa persona llegase a la orilla?

 

Carola Rackete, capitana del Sea-Watch III, fue inmediatamente puesta bajo arresto domiciliario por atracar un barco con migrantes rescatados contra los deseos del gobierno italiano. A pesar de que un tribunal siciliano constató que no había incumplido la ley al fondear, aún podría enfrentarse a cargos por poner en peligro la vida de agentes de policía y  ayudar a la inmigración ilegal.

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Esta tendencia a la criminalización está respaldada por el paquete de medidas de la UE de 2002 conocido como “Facilitators Package”, que consiste en una directiva y una decisión marco que establecen que los Estados miembros deben perseguir a cualquier sospechoso de ayudar a la entrada ilegal, tránsito o estancia en la Unión Europea. Una diferencia clave con el Protocolo contra el tráfico ilícito de migrantes de Naciones Unidas es que en la UE la persecución en base a los dos primeros motivos no requiere probar la búsqueda de un beneficio financiero.

 

Las fronteras entre el delincuente y el héroe siempre han sido borrosas. La historia siempre ha sido un alquimista, dispuesta a convertir hechos sancionables en los actos de valentía de los que dependemos para llevar a cabo cambios incómodos pero necesarios. La historia transforma a los delincuentes en la esencia de la que se componen los anales de la historia a lo ancho del mundo. Esta alquimia depende de causas jurídicas emblemáticas, coyunturas críticas inesperadas, o el lento marinar de la opinión pública. A partir de cualquiera de ellos, la arrogancia, la locura o la insolencia se convierten en el combustible indispensable de los héroes.

Harriet Tubman, apodada “Moisés” por su papel al ayudar a huir a miles de esclavos a través de una serie de refugios llamados “el ferrocarril subterráneo”, estuvo una vez en el lado erróneo de Ley sobre Esclavos Fugitivos de 1850 en EEUU. Esta ley castigaba con dureza a los que prestaban ayuda en las huidas, ofreciendo una elevada recompensa por su captura. Hoy, muchos estarían de acuerdo con la afirmación de Frederick Douglas: “El cielo de medianoche y las estrellas silenciosas han sido testigos de [su] devoción por la libertad y [su] heroísmo”.

 

En 1940, Chiune Sugihara, cónsul japonés en Lituania, desobedeció órdenes y expidió alrededor de 2000 visados a judíos en Lituania, garantizándoles un pasaje seguro a través de Japón. Durante más de un mes, Sugihara y su esposa preparaban los visados por las noches, y continuaron haciéndolo desde la ventanilla del tren mientras abandonaban la ciudad, tras el cierre del consulado. Después de que él y su familia fuesen detenidos por las fuerzas soviéticas que habían invadido Rumanía, el gobierno japonés le obligó a dimitir. Antes de morir, fue nombrado Justo entre las Naciones por el gobierno israelí.

 

En 1973, Herald Edelstein fue uno de los diplomáticos que proporcionaron protección y un pasaje seguro a través de las embajadas en Chile a ciudadanos cubanos, bolivianos, uruguayos y chilenos que habían sido catalogados como “enemigos del régimen” después del golpe. Fue declarado persona non grata en 1973 por el gobierno chileno; en 2019, apareció en la serie de televisión fino-chilena “Invisible Heroes”.

 

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Los cambios en la política y en la opinión pública que una vez parecieron inconcebibles pueden hacerse realidad. Pero en estos momentos hay vidas en juego en el mar, en centros de detención o en movimiento que no pueden permitirse el lujo de esperar días, ni mucho menos el lento tictac de las manecillas de la historia.

 

Los gobiernos son plenamente conscientes de que la realidad es que no todo el mundo está preparado para enfrentarse al riesgo de ir a la cárcel. Eso no es algo de lo que avergonzarse. Sin embargo, al jugar con ese miedo se intenta oscurecer el hecho de que una persona que salva la vida de otra no debería tener que detenerse a reflexionar si su acto merece enfrentarse a una pena de cárcel. El derecho internacional marítimo establece que existe una obligación de salvar vidas en el mar. Ningún tribunal ni amenaza de arresto debería ser capaz de enterrar esta obligación.

 

No todos somos lo suficientemente valientes (¡ni tenemos los conocimientos!) para navegar hacia un destino incierto para salvar las vidas de las personas rescatadas a bordo. No todos tenemos que serlo. El peligro es otro. El peligro está en que los continuos arrestos, acusaciones y causas judiciales nos van a dar razones para dudar antes de llevar en nuestro coche a alguien que lo necesite, ofrecerle a alguien un cepillo de dientes, o rescatar a alguien del agua.

 

Las detenciones producen noticias más espectaculares y mucho debate, pero no pueden desviar la atención de la responsabilidad de la UE y sus miembros para reanudar su programa de rescate marítimo y poner en marcha un sistema que decida un puerto seguro de llegada de manera eficiente y equitativa. Esto tiene que ir más allá de las simples críticas a los recientes decretos de emergencia y la respuesta a los procedimientos judiciales por parte de Italia, y tener como objetivo dar una respuesta efectiva y compartida de toda la Unión Europea.

 

Mientras tanto, todos tenemos que poner de nuestra parte para demostrar que ayudar a otras personas no es terreno exclusivo de los héroes; es la responsabilidad de todos. ¡Lleva a alguien en tu coche! ¡Entrega una manta! ¡Alza tu voz por alguien! Después de todo, la alquimia de la historia también está en manos de la opinión pública.

Hannah Markay

Hannah realizó un Máster en Antropología Social y Política en la Universidad de Edimburgo, con una estancia de un año en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Durante su Máster en Estudios sobre Refugiados y Migraciones Forzadas, se centró principalmente en investigar vías seguras y legales alternativas para la movilidad. Tras el máster realizó prácticas en Generations For Peace en Ammán, Jordania, donde trabaja en la actualidad, y en el Observatorio de Migraciones de Mediterranean Hope en Lampedusa, Italia. Le gustan el senderismo, toda actividad que tenga que ver con el agua, y preguntarse cómo reconciliar el vegetarianismo y las normas del buen invitado.

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