Fiestas de Balkan Beat en el centro de Berlín: La música, una herencia cultural que conecta a las personas

DEJAN ALEMPIJEVIC  |  15 DE AGOSTO 2020 |  TRADUCIDO DEL INGLÉS  |  ROUTED Nº11

Festival callejero balcánico en Neunkolln. Fotografía del autor.

“Ich bin ein Berliner!” es la primera frase que todo el mundo aprende cuando visita o viene a vivir o a trabajar a Berlín. Todo el mundo dice: “Berlín es una ciudad abierta, en la que puedes ser lo que quieras y hacer lo que quieras”. Pensando en esto, tomé la decisión de mudarme allí. Quería sentir la energía inmensa de una ciudad grande y abierta que abraza a todos por igual. Por desgracia, al principio me resultó muy difícil adaptarme al ambiente del trabajo y a los distintos espacios sociales. Todo el mundo a mi alrededor hablaba alemán; cuando quería decir algo, siempre era muy directo, e invariablemente obtenía la misma reacción: “Dejan, ¿por qué gritas? Te oímos perfectamente”. Me di cuenta de que todos pensaban que yo era maleducado, aunque no fuese mi intención. Era solo lo que me habían enseñado a hacer en Serbia: hablar alto, hacer frases cortas, para que todo el mundo pudiera entenderme.

 

Después de algún tiempo, todo esto me hizo sentir muy solo y rechazado en una ciudad tan grande como Berlín. Cuando hablaba con una persona al azar sobre la cultura balcánica y le preguntaba qué era lo primero que asociaba con los Balcanes, la mayoría me contestaba: buena comida, alcohol barato y música tradicional. Este tipo de representación de los Balcanes puede considerarse una forma de orientalismo: para ellos, los Balcanes eran un lugar donde la gente se lo está pasando bien todo el día sin pensar en el porvenir.

 

Una cosa de la que no era consciente cuando vine a vivir y trabajar en Berlín era que llegaría a conocer a tanta gente de los Balcanes (bosnios, albanos, croatas…), que son percibidos como enemigos de los serbios a causa de todas las guerras civiles que tuvieron lugar en las últimas dos décadas y llevaron a la disolución del antiguo estado yugoslavo. Todo empezó cuando mi único amigo macedonio de la oficina me invitó a una fiesta de Balkan beat. Yo no quería ir, porque por aquel entonces no me gustaba nada la música balcánica. Sin embargo, me pareció que sería maleducado decir que no, así que fui con él. La experiencia fue maravillosa. Pronto me di cuenta de que conocía la mayoría de canciones búlgaras, macedonias y croatas. Conocí a muchísima gente aquella primera noche de fiesta. Tenía mis dudas a la hora de decir que yo era serbio, pero un grupo de croatas vino y me dijo: “En casa no nos caemos bien unos a otros, pero aquí tenemos que apoyarnos”; y eso hicimos.

El lado urbano de la música balcánica contemporánea. Fotografía del autor.

La música fue un elemento crucial para conocer gente y hacer conexiones sociales. Hablamos sobre comida y tuvimos discusiones divertidas sobre si el burek es un alimento serbio, bosnio o albano. Nos dimos cuenta de que teníamos muchas cosas en común. Éramos extranjeros para los alemanes, pero entre nosotros nos entendíamos a todos los niveles.

 

Después de algunos meses, esto se convirtió en una especie de ritual para nosotros. Los viernes por la noche salíamos primero a cenar cevapcici (un plato serbio, albano, bosnio y croata) y después íbamos a algún bar alemán, donde conocíamos a otras personas que a veces se sentaban en la misma mesa que nosotros, llevando con frecuencia a distintas conversaciones interculturales. Luego íbamos a una fiesta de música balcánica. Allí formábamos un círculo, abrazándonos unos a otros y cantando a voz en grito las letras de las canciones. Allí me sentía como en casa. Todo el mundo hablaba mi lengua materna, todo el mundo tenía los mismos gustos musicales, y todo el mundo hablaba muy alto, algo que echaba mucho de menos. La música era la principal conexión entre nosotros, y luego estaban la lengua y el gusto por la comida casera balcánica. Me había dado cuenta de que ya no estaba solo, y así es como conocí a algunos de mis mejores amigos —algunos de los cuales son de hecho alemanes a los que simplemente les gustan los sonidos balcánicos.

 

Paso a paso, me introdujeron en una nueva dimensión de Berlín, la dimensión que nunca hubiera conocido de no haber ido a las fiestas de Balkan beat. Después de eso empezamos a hablar de nuestras experiencias como inmigrantes y nos dimos cuenta de que compartíamos algo más que un interés por la música. Mientras tanto, también hice amigos alemanes y empecé a crear mis propios círculos sociales. Necesité tiempo para darme cuenta de que éramos algo diferentes y de que mi elevado tono de voz era desagradable para algunos. Empecé a “aprender la cultura alemana” y pronto llegué a sentirme como “ein Berliner” de verdad. Hablaba alemán bajito, mis colegas me entendían, pero los viernes por la noche estaban reservados para la música y la comida balcánicas y todo lo que echábamos de menos de nuestros países. Me di cuenta de que todas las personas necesitamos encontrar un lugar donde podamos sentirnos seguros, en una búsqueda por pertenecer a un grupo social con el que compartamos algunas semejanzas. Esto es especialmente importante si eres inmigrante y vives lejos de tu hogar, tu familia y amigos. Conocer a nuevas personas con intereses o experiencias similares es fundamental para sentirte más feliz y construir una vida más tranquila en el país receptor.

Dejan Alempijevic

Dejan estudió un máster en Migraciones y Relaciones Interculturales (EMMIR) dentro del Programa Erasmus Mundus y concedido por la Universidad de Oldenburg.  Anteriormente, Dejan obtuvo un grado en Etnología y Antropología Sociocultural en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Belgrado. Dejan fue seleccionado como participante en el Servicio Voluntario Europeo (EVS) y pasó un año en Berlín, trabajando en el centro para jóvenes y migrantes. Activista del cambio social, Dejan ha vivido y trabajado en Kosovo, Macedonia del Norte, Noruega, Alemania y Suecia. En la actualidad, trabaja como consultor sobre migración internacional e investigador en la Fundación Westminster para la Democracia en Belgrado.

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