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"Iban diez años por detrás de nuestros países en Asia": Historias orales de las comunidades punjabíes británicas desde 1960 hasta hoy

ARISA LOOMBA  |  31 DE AGOSTO 2019  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS

Fotografía de Irina Souiki. Fuente: Flickr

“Iban diez años por detrás de nuestros países en Asia”, me dijo mi abuela cuando la entrevisté como parte de la investigación de mi trabajo de fin de grado, consistente en recopilar historias orales de las experiencias de los punyabíes británicos. Estaba describiendo su primer viaje al gurudwara de Bristol, días después de su llegada al Reino Unido en 1968 como recién casada. Llegó muy ilusionada a Inglaterra, esperando encontrar libertad, una “tierra prometida” ultramoderna. La realidad fue una gran decepción. A las mujeres asiáticas que conoció en Bristol no les estaba permitido llevar vaqueros ni maquillaje, ni salir solas. Llevaban un estilo de vida, según ella, mucho más anticuado y conservador que lo que ella recordaba de la India.

Las condiciones históricas y los contextos culturales son esenciales para entender cómo se comporta una comunidad migrante en una nueva sociedad receptora. Con frecuencia se prescinde de los métodos históricos cuando se estudian las migraciones; sin embargo, pueden revelar nuevas perspectivas e historias que no muestran otros relatos más amplios ni los intentos de establecer pautas. Para las migraciones, el contexto lo es todo.

 

En el caso de los punyabíes británicos, este contexto es el Imperio y la Commonwealth. La ruptura entre el Reino Unido y la India en 1947 no fue definitiva. La Segunda Guerra Mundial derrumbó las barreras entre colonia y metrópoli y los movimientos imperiales de personas se invirtieron, con lo que los indios comenzaron a venir a Gran Bretaña. Aunque los migrantes suelen verse en términos contemporáneos como una carga más sobre el ya sobrecargado Estado británico, el Reino Unido de la posguerra necesitaba desesperadamente a los migrantes negros y morenos para cubrir la escasez de mano de obra ocasionada por la guerra. Los migrantes eran personajes activos en su propia historia, facilitando la migración en cadena a través de sus redes sociales. Esto fue un factor decisivo en la creación de los enclaves asiáticos en el Reino Unido. En algunos casos, pueblos enteros se trasladaron prácticamente a lugares como Hounslow y Southall. Mi abuelo paterno me describió cómo “cuando llegamos aquí, había casi cuarenta, cincuenta personas... no era como si llegásemos a un país nuevo, por decirlo así... entre todos era como si estuviésemos en India”. Al contrario de lo ocurrido con diásporas anteriores del sur de Asia, los punjabíes postcoloniales en el Reino Unido pudieron conservar fuertes vínculos transnacionales con su lugar de origen gracias a las infraestructuras tecnológicas y de transporte que acercaron al mundo.
 

Con frecuencia, no obstante, términos como “asimilación” o “aculturación”, que se aplican al comportamiento de los migrantes, ponen demasiado énfasis en la ruptura con el pasado, la ruptura con todo el contexto. Imponen una rígida dicotomía entre lo viejo y lo nuevo, el país de origen y el país receptor, en lugar de apreciar las fusiones y las remodelaciones culturales. Por ejemplo, puede ser que el punyabí y el hindi hayan pasado a hablarse con menor regularidad conforme el inglés se fue “imponiendo”, pero también podemos entenderlo como que los punyabíes reformaron algunos aspectos de la lengua inglesa para adaptarla a sus necesidades. Los términos de parentesco como “mummyji” o “primo hermano/a” se acuñaron para reflejar mejor un sistema de valores de respeto y comunidad que el inglés no parecía poseer. Así, es posible considerar a las diásporas de la Commonwealth de la posguerra como los primeros pueblos transnacionales (tal vez una exageración si tenemos en cuenta la increíble creatividad de las diásporas anteriores), con las infraestructuras de comunicación para echar abajo las fronteras y albergar múltiples maneras de ser y estar.

Los punyabíes llegaron al Reino Unido no solo como sujetos coloniales del Tercer Mundo en busca de la prosperidad, sino también como parte de cambios mayores que resituaron “el teatro de lo poscolonial en el corazón del ex-imperio”, en palabras de Nasreen Ali. Los asiáticos británicos contribuyeron enormemente a la sociedad británica. Su trabajo en fábricas industriales, la sanidad pública del NHS, el aeropuerto de Heathrow y otros lugares fue clave para dar forma al país tal como lo conocemos hoy. Al cambiar estas narrativas, prestando atención a las particularidades históricas, los grupos migrantes pasan a estar incluidos, en un lugar central de la historia de la nación.

Esto también es cierto para otras muchas diásporas. Tanto para la opinión pública como para la literatura académica en materia de migraciones, entender cómo los migrantes han ido a parar adonde están ahora tiene el poder de transformar el relato sobre la migración. Matt Forde describía en un podcast reciente del programa Beyond Today de la BBC, titulado ‘Do we want funny politicians?’ (“¿Queremos políticos divertidos?”), cómo Anna Soubry, enfrentada a unos partidarios del Brexit que se lamentaban de las fronteras abiertas para los migrantes polacos, les explicó que los polacos enterrados en el cementerio local eran soldados que habían luchado por este país. Por tanto, son merecedores del respeto y la inclusión. En este sentido, nuestras maneras de entender las historias de la migración juegan un papel fundamental en cómo tratamos a aquellos que tienen orígenes migrantes en el Reino Unido, sean de primera, segunda o tercera generación. Reivindicar esta historia reintroduce a los migrantes en una narrativa en la que son realmente personas con universos vitales ricos, no solo “inmigrantes” cuyas vidas, sueños y esperanzas comienzan en el momento de la llegada. En Money has no smell: The Africanisation of New York (“El dinero no tiene olor: La africanización de Nueva York”), Paul Stoller ilustra el poder humanizador de comprender las historias de la migración no como una ruptura con un pasado empobrecido, sino como un hábil manejo continuado de sus mundos globalizados.

Una pauta similar apareció en mis entrevistas de historia oral con punyabíes asiáticos. Para los punyabíes, la migración está impregnada en una larga historia: es una parte singular del tejido social y cultural de la región. Esto implica que la migración al Reino Unido significaba algo diferente para los punyabíes de lo que fue para, por ejemplo, los refugiados gujaratíes de Uganda o los refugiados tamiles de Sri Lanka. Estas historias de migración diferentes son con frecuencia agrupadas en favor de categorías identitarias más amplias, tanto por parte de la opinión pública como de las propias comunidades migrantes. Esta categoría tan amplia, “asiático británico” (British Asian), y la perspectiva de la “etnicidad” son insuficientes. Niega la apreciación de lo que han pasado cada uno de los diferentes grupos. El proceso de creación de un grupo étnico requiere mucha amnesia histórica.

La historia singular de los punyabíes enmarca su asentamiento en el Reino Unido en términos diferentes a los de otros grupos indios o asiáticos. Para los migrantes punyabíes, la migración al Reino Unido no fue el momento transformador de llegada al mundo moderno, como supondrían en Occidente. Fue solo otro paso más en sus vidas de personas móviles, acostumbradas al movimiento. Hay actualmente cerca de 500.000 punyabíes indios en el Reino Unido, alrededor del 45% de la población india británica. Algunos son hindúes pero la mayoría son sij. El Reino Unido cuenta con la mayor comunidad sij fuera de India. El que constituyan un número tan considerable en el Reino Unido, pero solo el 1,72% de la población de India, pone en relieve la importancia de su pasado: una rica historia militar y la experiencia vivida de la Partición da a los punyabíes un fuerte sentimiento de movilidad. Durante siglos, se construyó la identidad de los sij como una “raza marcial”. Casi la mitad del ejército indio era sij y el movimiento de los soldados sij en la Primera y la Segunda guerra Mundial a través de Europa y más allá fue fundamental para asentar el sentimiento de acceso al mundo exterior. La Partición puso de manifiesto la inestabilidad de la idea de un hogar fijo. Después de que mi abuela paterna y su familia huyeran de Pakistán y se convirtiesen en refugiados en India, pasaron muchos años desplazándose en el interior del país, desde Bombay hasta Assam, en busca de trabajo.

Las comunidades sij, hindú y los restos de la comunidad musulmana se mezclan sin límites fijos en el Punyab. La mayoría de los migrantes eran agricultores rurales con bajos niveles educativos, aunque también había muchos profesionales altamente cualificados. Los hombres solían llegar al Reino Unido solos y residían en alojamientos abarrotados junto a desconocidos, formulando así un sentimiento temprano de identidad india. Pero por supuesto, “punyabí británico” es también otra categoría generalizadora. Como en cualquier otro intento de agrupar a grupos de personas bajo el mismo paraguas, se termina empañando historias individuales excepcionales. A los hijos de la segunda y la tercera generación se les critica por no saber hablar su “lengua materna”, mientras que sus padres y abuelos tal vez hayan hablado inglés en casa y lo hayan aprendido en el colegio, o bien hindi, u otras lenguas regionales como el potwari. La comida punyabí ha sido defendida por los miembros de la diáspora como la mejor dieta básica, pero definir la dieta punyabí auténtica y cómo cocinarla correctamente no es algo que esté perfectamente claro. Influida por las tradiciones culinarias de India y África, y modificada en el Reino Unido donde algunos ingredientes no estaban disponibles, es cada vez más difícil definir la comida punyabí con un criterio puro.

Con frecuencia, buena parte de la cultura de la comunidad se basa en el mundo de los primeros migrantes en el momento en el que se marcharon, en los años sesenta, que se reifica y se respeta como si fuese el único anclaje sólido al que agarrarse. Hay una especie de “mito de autenticidad” demasiado aferrada a una imagen de la cultura punyabí que tal vez no exista realmente.

Esto no solo reescribe la narrativa que tenemos sobre los migrantes en el Reino Unido, sino que también reta a los académicos a preguntarse por la manera en que los migrantes se ven a sí mismos y entienden su lugar en el mundo. Las circunstancias históricas combinan la tecnología moderna de las comunicaciones con una visión de un mundo imperial británico conectado, en el que las culturas británica, pan-subcontinental y africanas están en una conversación continua. Apreciar estas sensibilidades históricas y adoptar una perspectiva histórica y de contexto nos permitirá situar a estas comunidades en el centro del relato, aprendiendo sobre el mundo desde sus singulares puntos de vista.

Arisa Loomba

Arisa Loomba se graduó en Historia por la Universidad de Warwick, donde se especializó en las historias orales de los migrantes punyabíes británicos en el Reino Unido a través de tres generaciones. Ahora va a empezar el Máster en Estudios Migratorios en la Universidad de Oxford, donde espera seguir desarrollando estos intereses. El año pasado fue voluntaria en una ONG en Nápoles que da apoyo a los refugiados y solicitantes de asilo. Arisa también ha recibido premios como escritora y periodista sobre migraciones e identidad, y ha publicado en medios como Brown Girl Magazine, Burnt Roti y The Boar.

Su dossier periodístico puede verse en https://wke.lt/w/s/w3Nqb2.

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