De Bulgaria a Turquía, de Turquía a EE.UU.: Una historia familiar a través de matrimonios interétnicos y discos

ŞAHIZER SAMUK CARIGNANI  |  15 DE AGOSTO 2020 |  TRADUCIDO DEL INGLÉS  |  ROUTED Nº11

Los padres de la autora en los años 70. Cortesía de la autora.

Mi familia multicultural es búlgara y turca, y se ha americanizado a través de matrimonios interétnicos. El contexto de esta historia viene dado por los matrimonios mixtos así como por los objetos traídos desde el extranjero: los objetos que mi padre trajo de EE.UU., en particular los vinilos, reflejan a la perfección el Zeitgeist de la época en que emigró. El proceso de aculturación y transnacionalización de la familia entera demuestra la coexistencia pacífica y los conflictos entre diversas culturas, que permite desarrollar una mayor flexibilidad hacia tantas identidades diferentes. Según el sociólogo Erving Goffman, la identidad siempre está en proceso de construcción, siempre estamos “convirtiéndonos”. Además, entender la migración a través de los objetos de la época pone de manifiesto la fluidez de este “devenir” en el ámbito de la adaptación cultural y la formación del carácter. Una se pregunta: ¿qué les ocurre a los demás miembros de la familia cuando una persona emigra y retorna? Especialmente si tenemos en cuenta que el regreso nunca es absoluto, porque en el camino has creado muchos recuerdos y muchas personas nuevas han entrado en tu vida.

 

La historia que voy a relatar contrasta con las premisas del esencialismo cultural, que impide a las personas observar una cuestión muy importante que solemos dar por sentada: las semejanzas indiscutibles de la condición humana en todos los rincones del mundo, frente a la obligación de marcharse de un lugar y adaptarse a uno nuevo.

 

Mi padre

Mi padre se hizo soldado de muy joven. Después de un desencuentro con uno de sus superiores, sintió que debía marcharse y se presentó a un examen difícil que le permitió mudarse a EE.UU. Como era el hijo mayor, envió remesas a su familia (nueve hermanos en total, tres murieron siendo bebés) durante seis años.

 

Empezó a jugar a los bolos cuando estaba allí y resultó ser muy bueno. Ganó más de tres competiciones. Sus amigos solían celebrar su cumpleaños “un par de veces al año”, porque era muy popular entre las chicas. 

 

Hasta hoy, mi padre sigue pronunciando “hamburger” y “supermarket” con acento americano. Me dijo que cuando llegó allí por primera vez, no hablaba bien inglés y sus amigos y él compraron comida para perros por equivocación. Después de seis años en EE.UU., dice siempre, pasaban “tanto tiempo estudiando que se nos cayeron las narices”: Siempre habla de la disciplina de trabajo y me aconseja “nunca rendirme ante el trabajo duro”.

 

Los únicos objetos que mi padre trajo de EE.UU. fueron sus trofeos de los bolos y sus vinilos de Nat King Cole, Louis Armstrong y Ella Fitzgerald; muchas grabaciones de música clásica y, por supuesto, mi favorito: West Side Story.

 

 

Mi abuela

 

¿Qué hizo la familia de mi padre cuando se mudaron a Balıkesir (Turquía) desde Bulgaria? Abrieron un negocio familiar para fabricar calcetines de lana pura y suéteres de punto. Mi abuela iba a Estambul para venderlos ella misma. La familia se ganaba la vida gracias al liderazgo de la abuela. Ella era el verdadero motor de la casa. De hecho, a mi abuelo le gustaba estar solo en su cuarto y cuando le invitaban a unirse a las sectas de la época (debían de correr los años 50) decía que él estaba a gusto rezando a solas.

 

Mi abuela paterna se llamaba Şahizer. Şah significa “shah” o “sultán” y zer significa “oro”: su nombre significaba “Shah de oro”, esto es, oro de 24 quilates. Su nombre era iraní pero su familia procedía de Bulgaria y se había asentado en Kepsut. Era una mujer muy fuerte, en cuanto a su carácter y a su físico. Por lo que recuerdo de las fotografías, tenía ojos color avellana. Dio a luz a diez hijos y trabajó duramente como cabeza de familia. La gente solía acudir a ella para pedirle consejo sobre cualquier cosa, desde decisiones en materia de empleo hasta matrimonios y relaciones.

 

En una ocasión mi padre le escribió a mi abuela desde EE.UU.: “No puedo seguir aquí, me siento angustiado”. Ella le respondió: “Abre una ventana en tu corazón y respira a través de ella, pero no vuelvas hasta que hayas terminado tus estudios”. 

 

Los matrimonios interétnicos

 

Un día, mi padre vino de visita a Kepsut con uno de sus mejores amigos de EE.UU., Henry. Lo acogieron en esta abarrotada familia y un día, después de una comida copiosa, mi padre se dio cuenta de que Henry no podía dormir y le dijo: “Çıkar ağzındaki baklayı” (“No te andes con rodeos”). Henry le confesó que se había enamorado de una de las hermanas. Era Kadriye, con su bonita sonrisa. ¡Final feliz, por supuesto! Además, mi tío mayor, al que habían ofrecido trabajar en Yeşilçam (la industria turca del cine), declinó la oferta y se marchó también a trabajar a EE.UU., donde se casó con Penelope, Penny para la familia. Cuando pasé tres meses con ellos en 1999, mi padre les pidió que no hablaran en turco conmigo, con lo que Penelope se convirtió en mi profesora de inglés más paciente y amable.


 

​Pensamientos para no concluir

Escuchar estos recuerdos de mi padre y los vinilos que trajo de EE.UU. me ha hecho aceptar que apenas hay un paso entre una cultura y otra, entre un nombre iraní y un exiliado búlgaro-turco, entre una familia numerosa y un hijo que se marcha al extranjero y abre el camino a su familia para descubrir nuevos horizontes. Por último, tener raíces no significa que no podamos tener ramas que se extiendan más allá de nosotros: West Side Story, Nat King Cole, Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, los trofeos de bolos y la foto de la boda de Fígaro apoyados unos junto a otros en la estantería son prueba de ello.

Şahizer Samuk Carignani

Şahizer Samuk Carignani nació en Kayseri, Turquía, en 1984. Se graduó del Instituto Anatolio N.M. Küçükçalık en 2002. Después de obtener un Grado en Ciencia Política en la Universidad del Bósforo en 2006, trabajó como reportera de documentales en África y Oriente Próximo. Después obtuvo su primer máster en la Universidad Koç en Relaciones Internacionales en 2010, y trabajó para la OIM en Estambul durante un año en un proyecto sobre la lucha contra el tráfico de personas. Realizó un segundo máster en la LUISS Guido Carli en Estudios Europeos en 2011. Obtuvo un Doctorado en Ciencias Políticas en la IMT School for Advanced Studies Lucca en mayo de 2016. Entre marzo y agosto de 2016, trabajó para la OIM en Ankara apoyando el desarrollo de políticas de armonización Turquía. Durante un año y medio trabajó como post-doc de corta duración en el Departamento de Geografía y Planificación Espacial en la Universidad de Luxemburgo, en el equipo del Proyecto MOVE sobre movilidad juvenil dentro de la UE y después asistió en el proceso de escritura de un Proyecto del Horizonte 2020. Su investigación se interesa por las herencias culturales, la movilidad y la migración, las políticas de integración (sobre todo en Canadá, Italia, Reino Unido y Turquía), las políticas de migración temporal frente a las de permanencia, y los escritores en el exilio. Ha publicado dos relatos cortos en revistas turcas, además de sus publicaciones académicas. En la actualidad trabaja como investigadora postdoctoral en el Departamento de Sociología de la Universidad de Pisa.

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