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Elegir entre partir y quedarse: Por qué no debemos asumir que las migraciones relacionadas con el clima son inevitables

Liam Moore  |  15 de junio 2019

Imagen de GIZ Pacific

Los estudios y las predicciones sobre cómo los flujos de migraciones y desplazamientos están influidos por el cambio climático van ganando notoriedad en el discurso popular. Si bien una mayor atención hacia este asunto es bienvenida, las perspectivas y discursos popularizados sobre la (in)movilidad en relación con el clima suelen ser, sin embargo, erróneas y de poca ayuda. Aunque hay cada vez más investigaciones sobre cómo el cambio climático puede influir sobre los patrones de migración y desplazamiento, aquellos que están internamente desplazados a causa de fenómenos de evolución lenta reciben, de manera problemática, menos atención. Estos grupos también quedan en las lagunas de los marcos de protección legal y normativa existentes y con frecuencia se encuentran en las zonas más vulnerables de países que han sido los menores contribuyentes al cambio climático. No obstante, aunque la situación parezca desesperada, no podemos asumir que estas personas quieren marcharse, ni que su movimiento sea inevitable.

 

A pesar de que carezcan de las mismas protecciones legales que aquellos que huyen a través de las fronteras o son desplazados a causa de un conflicto, el cambio climático presenta una oportunidad para proteger a aquellos en peligro de verse desplazados, según la profesora Jane McAdam. Dada la naturaleza predecible de los peligros relacionados con el clima, existe la posibilidad de tomar medidas preventivas antes de que las personas sufran daños o sean desplazadas. Esto es claramente una oportunidad de la que tenemos que aprovecharnos. Sin embargo, los gobiernos, las ONGs y las autoridades locales, además de crear vías para una migración segura y ordenada, tienen que trabajar con las comunidades para permitir que la población permanezca donde está si así lo elige. Un principio clave al considerar migración y traslado es que las personas tienen el derecho a moverse voluntariamente. Más allá de las evacuaciones de emergencia, las personas de las comunidades vulnerables al clima deberían poder elegir entre partir y quedarse.

 

No podemos asumir que las personas en peligro de verse desplazadas por el cambio climático quieren automáticamente huir de sus casas. Lo contrario suele ser lo cierto; la gente hace todo lo que puede por quedarse donde está, eligiendo la inmovilidad voluntaria antes que la migración o el traslado. Con frecuencia, las comunidades con mayor riesgo de desplazamiento tienen conexiones muy fuertes con la tierra y el lugar, lo que aumenta tanto su deseo de quedarse como el trauma que sufren si se les fuerza a marcharse. Esto es especialmente cierto en el Pacífico, una región descrita como el “canario de la mina de carbón” para los efectos del cambio climático sobre la humanidad. Sin embargo, muchos líderes en el Pacífico se oponen abiertamente a etiquetar a los isleños como vulnerables o víctimas. Sostienen que las ideas de fragilidad y debilidad son contraproductivas y crean una sensación de inevitabilidad alrededor del potencial desplazamiento. Un grupo de activistas, los Guerreros Pacíficos del Clima, incluso adoptaron el eslogan ‘No nos estamos ahogando, estamos luchando” para contrarrestar estas percepciones.

 

Por desgracia, como indican las nuevas Guías sobre el Traslado Planificado de Fiji, los efectos acumulados del cambio climático pueden hacer inhabitables algunos lugares de residencia tradicionales. Aún así, incluso en los casos extremos en los que el traslado es ineludible, estas poblaciones siguen haciendo hincapié en su fuerza y su deseo de luchar. Un residente de Vunidogoloa, la primera comunidad en ser trasladada a causa del cambio climático en Fiji, dijo a un entrevistador: “Estábamos intentando adaptarnos por nuestra cuenta para no tener que abandonar nuestra tierra, y cada vez que el mar llegaba a nuestra puerta, nos mudábamos un poco más lejos hasta que se puso tan difícil que supimos que nos teníamos que trasladar”.

 

Por lo tanto, las políticas en torno a la migración y el desplazamiento relacionados con el clima también necesitan incorporar perspectivas locales y específicas sobre el desarrollo de resiliencia y las estrategias de reducción de riesgo de desastres. Además de garantizar que las comunidades vulnerables al clima tienen acceso a vías seguras y ordenadas de migración, han de tomarse medidas para trabajar con las comunidades para aumentar su resiliencia climática y, allá donde sea posible, asegurar que no se les arrebata la decisión de moverse. Esto no será fácil, dado que cada isla y cada comunidad en el Pacífico es singular y por tanto necesitará estrategias locales específicas para desarrollar su resiliencia y su habilidad para aguantar peligros y desastres. Una forma de abordar esto es garantizando todas las medidas de adaptación se implementen a través de un proceso plenamente participativo que ponga en primer plano la experiencia vital de los lugareños y amplifique las voces marginales dentro de las comunidades. Un ejemplo de cómo pueden usarse estrategias así para aumentar la resiliencia de las comunidades es el Proyecto de Pruebas de Protección Costera de Tonga. Las consultas con seis comunidades llegaron a la conclusión de que se puede desarrollar la resiliencia local construyendo rompeolas y espolones, creando nuevos viveros de manglar, y armando estructuras defensivas con sacos de arena.

 

De forma tal vez poco sorprendente, son los países que más peligran frente al cambio climático los que están encabezando el desarrollo de marcos y principios para orientar las medidas de adaptación. El Pacífico es excepcional en tanto que casi todos los países de la región han adoptado sus propias estrategias de reducción de riesgo de desastres. Fiji y Vanuatu, en particular, han estado a la vanguardia al vincular de los debates sobre desplazamiento y migración con reducción de riesgo de desastres. La voluntad política de tratar estos asuntos está obviamente ahí, es solo cuestión de garantizar que las comunidades pueden participar en la implementación de estas políticas y, en definitiva, tomar sus propias decisiones sobre su futuro.

 

Las comunidades en estas zonas pueden ser vulnerables, pero de ninguna manera les falta capacidad de actuación. Si se les da la oportunidad, son más que capaces de aumentar su resiliencia y su capacidad para hacer frente a peligros relacionados con el clima. No podemos caer en la trampa de creer que el desplazamiento es inevitable. En lugar de determinar de antemano si las personas deben partir o quedarse, debería dárseles la oportunidad de permanecer en sus hogares, o lo más cerca posible de ellos. Debemos garantizar que aquellos que trabajan con comunidades vulnerables al clima incorporan en sus marcos y prácticas tanto métodos locales y específicos para el desarrollo de resiliencia y la reducción de riesgo de desastres, como reflexiones sobre migración, desplazamiento e (in)movilidad. La decisión de migrar o trasladarse debe permanecer dentro de las comunidades. Mientras elijan quedarse, ha de hacerse todo lo posible para facilitar las medidas de adaptación y de mitigación, aunque el traslado se vuelva ineludible más adelante.

Liam Moore

Liam Moore es estudiante de doctorado en la Universidad de Wollongong y se ha graduado en Relaciones Internacionales, BA (Hons), por la Universidad de Queensland, Australia. Su trabajo se sitúa en la intersección de los discursos en torno al cambio climático, las migraciones forzosas y la teoría normativa, especialmente enfocado en los traslados planificados de comunidades en el Pacífico. Puede seguirlo en Twitter como @Moore_Liam.

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