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Fortaleza por obligación: El amor materno en circunstancias de exilio y desplazamiento

MARIE FALLY, ROXANE CARON, ROSEMARY R. CARLTON & MARIE-JEANNE BLAIN  |  14 DE FEBRERO 2020  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS

‘Quería que mis hijos corriesen delante de mí’. Imagen de Roxane Caron.

Desde sus inicios en 2011 y habiendo desplazado a más de la mitad de la población dentro y fuera de las fronteras, el conflicto sirio figura por desgracia como uno de los peores desastres humanitarios de la historia moderna. Como resultado del exilio y del desplazamiento forzoso, un número inmenso de familias han visto a sus miembros dispersarse por el mundo. En este artículo, nos centramos en las experiencias de las mujeres en su papel de madres mientras se hacen camino en el exilio y el desplazamiento. En particular, queremos sacar a la luz las elecciones imposibles y las cargas que soportan las madres en contextos de migración forzada. Para esto proporcionamos una instantánea de la vida de Sumaya*, una mujer refugiada de algo más de treinta años que huyó de Siria en 2013 para llegar a Montreal, Canadá, en 2015. A partir de las propias palabras y las experiencias del exilio de Sumaya, exploramos cómo la maternidad cambia las vidas de las mujeres mientras buscan alcanzar la seguridad en circunstancias de conflicto.

“Quería que mis hijos corriesen delante de mí” – La historia de Sumaya

La historia de Sumaya es un ejemplo conmovedor del amor de una madre a través del exilio y del desplazamiento forzoso. Igualmente conmovedores son, por otro lado, el miedo, el dolor, la incertidumbre, el aislamiento y el increíble esfuerzo dedicado a querer a sus hijos en su peligroso viaje.

Nacida en Siria, Sumaya llegó a Montreal después de haber huido del conflicto es su país y haber vivido durante más de dos años sin un hogar seguro para ella y para sus hijos. Sin saber el paradero de su marido ni tan siquiera si estaba vivo o muerto, Sumaya era la única responsable del cuidado y la seguridad de sus cinco hijos. Nuestro relato comienza en Siria en 2012. La ciudad de Sumaya estaba siendo intensamente bombardeada durante el último trimestre de su embarazo, mientras esperaba a su hija pequeña. En aquel momento, sus otro cuatro hijos tenían todos menos de 12 años. Sumaya lo describió como un periodo insoportablemente tenso. No obstante, mientras el bombardeo marcaba el ritmo de su vida diaria, ella nunca pensó en marcharse de su casa: “No pensamos en marcharnos. ¡No, no, no! Esta es nuestra vida, este es nuestro país, y esto es lo que tenemos aquí, no nos vamos a marchar”. Pero si bien era su hogar, Siria ya no era un lugar seguro en el que criar a sus hijos. Rodeada por los bombardeos, Sumaya vivía con un miedo constante por ella misma y por sus hijos. “Estaba preocupada por mi familia todos los días”. Haciéndose eco de los mismos sentimientos escuchados en las voces de otras mujeres entrevistadas en el curso de esta investigación, Sumaya expresó sus preocupaciones constantes por dar prioridad a las necesidades y el bienestar de sus hijos, incluso los de la que aún no había nacido.

Bajo la amenaza de tener que huir de un conflicto cada vez más violento, Sumaya se preocupaba sobre cómo y dónde podría dar a luz. “Estaba decepcionada, empecé a pensar: ‘todo el mundo se marcha corriendo, ¿dónde podré dar a luz a mi bebé, mi niña? ¿Qué debería hacer si doy a luz, si tengo el bebé ahora, hoy?’” Dada la urgencia de la situación, su médico le recomendó que le dejase provocarle el parto. Lejos de ser una elección fácil, Sumaya aceptó porque parecía ser la única forma de tener aunque fuese una mínima capacidad de control para asegurar que fuese un parto seguro: “Decidí dar a luz, y decidí entrar al hospital bajo mi propia responsabilidad”. Pero incluso esa decisión resultó estar plagada de desafíos. Después de casi treinta horas de parto, el doctor mandó hacer una césarea. Sabiendo que al salir del hospital su situación seguiría siendo precaria y que podría tener que huir con su familia en cualquier momento, Sumaya se resistió frente a la recomendación del médico. “Me dije a mí misma: ‘no puedo dar a luz por cesárea y salir corriendo’... si pasa algo, tendré que salir corriendo... ¡y no puedo!’” Después de varias horas más de parto, Sumaya dio a luz y llevó a su bebé a casa. Pero la “casa” pronto se volvió insoportable, pues la violencia que rodeaba a la familia seguía intensificándose. Marcharse ya no era una opción; era una necesidad.

Con solo sus hijos y su hermano, Sumaya se fue de su casa por última vez. Relató la experiencia horrible de atravesar la ciudad sitiada, atenta siempre a los francotiradores sobre los tejados o en los edificios bombardeados. Observaba impotente cómo sus hijos, uno por uno, se ponían al descubierto para cruzar calles desiertas:

Quería que mis hijos corriesen delante de mí, para estar seguros. Pero al mismo tiempo, sentía que podrían matarlos en mitad de todo aquello. Aún estaba débil del parto... así que le dije a mi hermano: “Lleva tú a la pequeña Nour, yo no puedo cargarla en brazos”.

Quería salvar a mis hijos... empujé al primero... luego al segundo... luego al tercero... No me sentía seguro, ni por mí ni por mis niños.

Después de alcanzar la seguridad aparente de un campo de refugiados en un país vecino, Sumaya descubrió que sus esperanzas de una vida nueva para sus hijos no podía cumplirse, ya que no podían ir al colegio. Su única solución era continuar el viaje, esta vez a otro campo: “pero [el campo] estaba lejos de mi [hermano y su familia]. Siete horas, solo para matricular a mis niños en el colegio”. Marcharse del campo implicaba abandonar a su hermano, su última conexión con la única vida que había conocido. Después de algún tiempo en el segundo campo, Sumaya tuvo la oportunidad de trasladar a su familia a Canadá a través de ACNUR. Aunque reconocía que esta oportunidad era la mejor opción para el futuro de sus hijos, Sumaya admitió que las dudas y la culpabilidad la habían desgarrado. “Me sentía mal, como que me había salvado a mí misma, y [mi familia] están allí”. Más de dos años después de dejar atrás su hogar, Sumaya llegó a Montreal. Frente a ella se abrió un nuevo viaje para ella y sus hijos.

Escuchando a Sumaya hablar de sus experiencias, es imposible no maravillarse de su fuerza y su resiliencia. Sus esfuerzos valientes y sacrificados para proteger a sus hijos frente a circunstancias extremas de peligro e incertidumbre son sin duda testimonio de su amor por sus hijos. Aunque esta es la historia personal de Sumaya, no es una historia ajena a la de muchas otras mujeres que han luchado y sufrido todo tipo de dificultades y pérdidas para garantizar un futuro más seguro para sus hijos. ¿Pero qué ocurre con otras madres refugiadas que eligen o se ven obligadas por las circunstancias a seguir otras trayectorias? ¿Acaso quieren menos a sus hijos? ¿Son menos madres que Sumaya?

Los discursos dominantes sobre la maternidad, en los que las madres están idealizadas como personas sacrificadas, “cuidadoras y protectoras, ... fuertes en la adversidad,... emocionalmente resilientes” y capaces de echar mano de sus instintos naturales para proporcionar cuidado y protección a sus hijos (Ramvi y Davies 2010), han ocupado los debates del feminismo académico desde hace mucho. Estas académicas han señalado que estos discursos ocultan el trabajo que conlleva la maternidad, así como las condiciones emocionales, materiales y sociales en las que ocurre la maternidad. Las feministas también han criticado las nociones homogéneas, etnocéntricas e idealizadas de la maternidad arrancada de sus contextos sociopolíticos y culturales, sosteniendo que la maternidad siempre tiene lugar en “contextos históricos específicos enmarcados por estructuras imbricadas de raza, clase y género” (Collins 1994). Tenemos que ser precavidas y no asumir estos conceptos idealizados de la maternidad como algo instintivo o accesible a todas las madres. Debemos recordar que la maternidad es particular para cada mujer y que está influida por su contexto y oportunidades específicas. Debemos recordad que la maternidad acarrea consecuencias distintas para cada mujer. Y debemos recordar que no existe una forma única o ideal para amar a un hijo.

Aunque la historia de Sumaya es sin lugar a dudas la historia del amor de una madre, también narra un trabajo intenso, la pérdida, el miedo, y a menudo la soledad. Su historia ayuda a entender las circunstancias complejas, el trabajo emocional y concreto, y las potenciales consecuencias asociadas con la maternidad en el exilio y el desplazamiento forzoso. Pero su historia no fue la única que escuchamos. Conforme a la negación feminista de que existe una experiencia compartida por todas las mujeres de una noción idealizada de la maternidad, nuestra investigación reveló una multitud de historias de maternidad y amor maternal a través del exilio y del desplazamiento. Reflexionando sobre estas historias, buscamos oponernos a la clasificación dicotómica de las madres refugiadas en “heroínas versus víctimas” (Caron 2012; Richard 2019), la “buena madre protectora” frente a la “mala madre que no puede proteger” (Chbat 2018; Krane & Carlton 2012). ¿Es obligatorio para una mujer demostrar una fortaleza y una resiliencia extraordinarias en circunstancias de exilio y desplazamiento forzoso para que se considere que quiere suficientemente a sus hijos? ¿Qué significan la fortaleza y la resiliencia para cada mujer, para cada madre que ama a sus niños?

* El nombre y otros detalles de la participante han sido modificados for razones de confidencialidad.

** Investigación dirigida por Roxane Caron, Lourdes Rodriguez del Barrio y Marie-Jeanne Blain (SSHRC 2017-2019): Parcours migratoires et repères identitaires de personnes réfugiées syriennes: perspective transnationale du Liban au Québec. Con agradecimiento a nuestras asistentes de investigación, Vicken Kayayan y Marilena Liguori, y a los distintos socios fundamentales, Table de Concertation des organismes au service des personnes Réfugiées et Immigrantes (TCRI), así como a nuestras intérpretes. 

Referencias 

Caron, Roxane. 2012. Entre refuge et exil. L’expérience de femmes palestiniennes du camp de Bourj el Barajneh (Thèse de doctorat). Montréal: Université de Montréal. 

Chbat, Marianne. 2018. Récits en mosaïque : Analyse intersectionnelle des discours identitaires de femmes qui exercent de la violence (Thèse de doctorat). Montréal: Université de Montréal.

 

Collins, Patricia Hill. 1994. ’Shifting the center: Race, class and feminist theorizing about motherhood.’ En D. Bassin, M. Honer, y M. M. Kaplan (eds.), Representations of motherhood (pp. 56-74). New Haven: Yale University Press.

 

Krane, Julia, y Carlton, Rosemary. 2012. Une pratique à la croisée des chemins: comprendre les femmes en tant que mères en maison d’hébergement. En Lapierre, Simon, y Damant, Dominique (eds.), Regards critiques sur la maternité dans divers contextes sociaux (pp. 185-204). Québec: Presses de l'Université du Québec.

Ramvi, Ellen, y Davies, Linda. 2010. ‘Gender, mothering and relational work.’ Journal of Social Work Practice 24(4), 445-460.

Richard, M. 2019. Au-delà du sens commun : Reconsidérer la vulnérabilité de femmes réfugiées en provenance de Syrie détenant la responsabilité principale du soutien de leur famille au Québec et au Liban (Mémoire de maitrise en travail social). Montréal: Université de Montréal.

Sobre las autoras

Marie Fally es estudiante de posgrado en el Departmento de Antropología de la Universidad de Montreal. Su doctorado PhD estudia las experiencias de migración y de integración de madres refugiadas solas en Montreal. Tiene más de diez años de experiencia profesional en el sector humanitario y en la comunidad, especializada en la práctica con mujeres migrantes en Europa y en Quebec. 

Roxane Caron es profesora asociada en la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Montreal. Su trabajo se centra en los ámbitos del refugio, la vida en los campos de refugiados y la transnacionalidad. Sus intereses de investigación incluyen las experiencias de refugiados y personas desplazadas así como en las transformaciones generadas por los procesos de migración y desplazamiento sobre las identidades, habilidades y valores de los refugiados. La investigación de la Dra. Caron se sitúa en un marco decolonial y transnacional. Su trabajo reciente se centra en las realidades de los refugiados sirios y los problemas, desafíos y necesidade de intervención pública de los refugiados sirios al abrirse camino en los procesos de integración en Canadá (Quebec) y Líbano. 

Rosemary R. Carlton es profesora asistente en en la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Montreal. Sus intereses docentes y de investigación, influidos por su experiencia extensa como trabajadora social, se incluyen en las áreas de la protección de la maternidad y de la infancia, el abuso sexual a menores, la violencia de génerog, y el trabajo social con poblaciones indígenas. Aborda la investigación a través de una lente feminista interseccional y tiene un interés especial por los Estudios de Niñas.


Marie-Jeanne Blain, doctora en anthropology, es investigadora en el Centre de recherche et de partage des savoirs en el CIUSSS de Nord-de-l’île-de-Montréal y profesora asociada en la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Montreal. Durante más de quince años, se ha interesado por la integración profesional de inmigrantes y refugiados. A través de un enfoque cualitativo, sus ámbitos de investigación incluyen la identidad profesional, las estrategias de integración y las dinámicas institucionales en general. Defensora de una visión de la integración que incluye a todos los miembros de la sociedad, da prioridad a tener en consideración tanto las perspectivas de los inmigrantes como las de los actores del mercado laboral, las instituciones y los servicios comunitarios. 

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