Sobre dioses elefante y curry de pescado en una cazuela de barro: Memoria, identidad y reproducción cultural

MINI CHANDRAN KURIAN  |  15 DE AGOSTO 2020 |  TRADUCIDO DEL INGLÉS  |  ROUTED Nº11

En casa con Ganesha. Fuente: Mohnish Landge en Unsplash.

El sol de septiembre despunta suavemente sobre un pequeño grupo de personas que vestidas con saris que se dirigen a paso rápido hacia Ruffey Lake Park en Melbourne. Caminando junto a los demás expatriados, Lata Gollamudi sostiene una estatuilla del dios elefante Ganesha que ha moldeado con barro: “…de la misma manera que solía hacerlo de niña en India. Aquí en Australia, todos los años nos vestimos con ropas festivas y llevamos nuestro Ganesha al lago para hacer el visarjan (inmersión en las aguas), siguiendo nuestra tradición religiosa. Así, el mismo día que mis familiares en India están haciendo el visarjan, nosotros lo hacemos en nuestra ciudad en Australia”.

En otro lugar, el Dr. Manoj Nair pasa la mañana hablando por Skype con su hermana y la observa cocinar curry de pescado en una cazuela de barro sobre un fuego de leña en su casa familiar en el sur de India. La escucha mientras se queja de la calidad del pescado y recuerdan juntos los días de su infancia, incluso mientras él realiza sus propias tareas domésticas en su casa de Chelmsford, Essex; así, viven y comparten sus vidas simultáneamente de un continente a otro. “Es emocionalmente gratificante. Lo hago todos los fines de semana y me siento conectado a India. Me han moldeado ambos países… Aunque ahora soy un ciudadano británico, y estoy feliz de serlo, también tengo el carnet de ciudadano indio en el extranjero”.

 

Estas entrevistas destacan los espacios liminales que ocupan los migrantes, su conciencia del hogar y sus subjetividades en conflicto. Apuntan a la fragilidad de las dicotomías conceptuales que caracterizan a los estudios de migraciones y movilidad.

 

Conectarse a través de medios visuales como Skype contribuye a crear espacios de transconectividad dentro de los cuales las familias pueden practicar la pertenencia a larga distancia. Es un sentimiento de formar parte de lo antiguo y lo familiar, aun cuando uno es parte de lo nuevo; algo que tal vez se entienda mejor si se examina a través del marco conceptual de la simultaneidad. Así, los migrantes se introducen en sus nuevas vidas en un nuevo lugar, mientras siguen conectados con su tierra de origen, albergando sentimientos de doble pertenencia.

 

Lata y Manoj representan a las muchas familias transnacionales inmersas en redes de parentesco, manteniendo vivas las nociones del “hogar” a través de actos de reproducción cultural en el país receptor. La memoria se traduce en práctica vivida y materializada, construyendo así un sentido de identidad dentro de un marco espacial y temporal. El “hogar” oscila entre el pasado y el presente; experimentado por el sujeto como una esfera afectiva de pertenencia multisituada.

 

Lata y Rajesh Gollamudi migraron a Australia en 1999 y vivieron y trabajaron allí durante 16 años. Durante todos esos años, la pareja mantuvo viva la nostalgia. Lata recuerda: “Siempre decíamos a nuestros hijos ‘Papá solo trabaja aquí, Australia es nuestro hogar provisional. Nosotros somos indios, no australianos. En todo el tiempo que estuvimos allí, nunca me permití comprar una casa cara, ni siquiera muebles buenos, porque siempre pensaba que de todas formas íbamos a regresar a India… Seguimos alimentando la idea del retorno”. Cultivando los recuerdos del lugar de origen, alentados por la idea de dar a sus hijos un acceso sin límites a su apreciada “cultura india”, y tal vez buscando respuestas a sus propias inquietudes persistentes acerca de su identidad y pertenencia, regresaron a India en 2014.

 

Los espacios transnacionales que ocupaban Lata y Rajesh facilitaron la práctica de costumbres y tradiciones culturales incluso en la sociedad receptora. Enviaban remesas a India, expresaban opiniones políticas en los eventos sociales y compartían información sobre la cultura india en los colegios de sus hijos. Avivaban el deseo de “regresar a casa” mediante visitas anuales a India, cuidados familiares y participando en acontecimientos familiares como bodas y funerales.

 

La reproducción cultural en la sociedad receptora recurre a recuerdos del pasado para crear espacios de pertenencia en el presente. Al proteger una identidad étnica auténtica, las prácticas culturales vinculadas a rituales religiosos se vuelven importantes y sostienen un sentido de la identidad. Es este deseo de ofrecer medios culturales a sus hijos lo que hace que los migrantes en la diáspora recurran a asociaciones y templos indios, permitiéndoles acceder a símbolos y signos culturales apropiados.

 

El Mandir (Templo) de Edimburgo es uno de estos espacios. Durante los fines de semana, los niños corren por los alrededores vestidos con trajes étnicos indios, mientras los adultos se sientan con las piernas cruzadas en el suelo rezando a una larga serie de deidades decoradas con mucho colorido. Los mantras recitados se funden con un murmullo continuo de conversaciones mientras los hombres y mujeres van y vienen, saludándose unos a otros y preguntándose por sus vidas. Lo tangible se mezcla con imágenes intangibles y sensoriales para crear un manantial de recuerdos compartidos.

 

“El color me da alegría”, sonríe Ankita, una ingeniera de software como su marido Laxman Subbarao. “Vivimos a casi dos horas de Edimburgo pero venimos aquí todos los fines de semana. Nos alegra escuchar las lenguas maternas que se hablan aquí: hindi, tamil, maratí”. Laxman, que reparte pedas (dulces indios), señala: “Este lugar me recuerda a cuando iba al templo con mis abuelos en Andhra Pradesh. A veces me siento mal pensando que mis hijos no conocerán esa vida…”. Recuerdo cómo una vez, cuando había comprado una moto Yamaha para celebrar su primer empleo, todo el mundo en su barrio se acercó para admirarla, y se abrió y repartió una caja de dulces, como era costumbre. Repartir dulces en el Templo de Edimburgo le evoca el recuerdo de su vida anterior en India. Añade con tristeza: “Pero aunque comprase una casa grande aquí, ¡no habría nadie para verla! Me siento como si ahora estuviésemos en un vacío”.

 

Tal vez eso es por lo que depende de Laxman, Ankita, Lata y otros en su misma situación crear y realizar una forma personalizada de la identidad india. En su matizada etnografía de los profesionales indios de las TIC, Smitha Radhakrishnan denomina este proceso “racionalización cultural”. Aquí, el diverso abanico de normas culturales indias queda reducido a un conjunto de prácticas más genéricas y manejables que permite desarrollar narrativas culturales “apropiadamente” indias. También es una reflexión sobre cómo los migrantes indios en una sociedad receptora participan en el concepto de “ser global”, adoptando nuevas formas de vivir y pensar sin renunciar a sus arraigadas creencias o prácticas culturales. Así, crean puentes culturales para ellos mismos, que les devuelven a una búsqueda de su identidad.

 

La cabeza y la barriga de elefante de Ganesha giran suavemente antes de desaparecer en las líquidas profundidades del lago, regresando así a su propio hogar después de la estancia con sus devotos. Lata Gollamundi hunde su mano en las aguas crecidas, cierra los ojos y, durante un breve instante, conecta con su “hogar”.

Mini Chandran Kurian

Mini Chandran Kurian es doctoranda en la Universidad de Edimburgo. Su investigación se centra en la migración de retorno de los indios altamente cualificados, sus nociones de identidad y pertenencia dual y sus identidades reflexivas. Ha estudiado también un Máster en Etnicidad y Multiculturalismo en la Universidad de Bristol. Anteriorment, Kurian lideró un proyecto de investigación de la UNESCO de dos años en seis estados indios y partes de Sri Lanka, titulado “Cultural Mapping of Intangible Cultural Heritage” (“Cartografía cultural del patrimonio cultural intangible”). También ha investigado y publicado sus conclusiones sobre el intercambio cultural entre el Sur de Asia y el mundo como resultado de las prácticas comerciales a lo largo de los siglos.

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