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“Esto es hipocresía”: Entrevista a Giulia Tranchina sobre la política migratoria europea en Libia

MAXIMILIAN ELLEBRECHT  |  24 DE OCTUBRE 2020  |  ROUTED Nº12  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS POR MAGDA R. DEHLI
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Giulia Tranchina, abogada de inmigración londinense especializada en asilo y derechos humanos.

Tortura, extorsión y detención arbitraria tanto en los centros de internamiento del gobierno como en manos de los inhumanos traficantes de personas; esta es la realidad cotidiana para miles de migrantes y refugiados en Libia. Antes de 2011, el país era un destino popular para los trabajadores extranjeros, atraídos por una economía fuerte. A partir de un tratado firmado con Italia en 2008, las autoridades libias empezaron a controlar estrictamente la migración de paso. Pero cuando el veterano dictador libio Muammar Gaddafi fue derrocado en 2011, la situación cambió radicalmente.

 

En medio del colapso de las autoridades centrales y la persistencia del conflicto, Libia se convirtió en el principal punto de salida para las personas africanas que querían llegar a Europa. Entre 2014 y 2017, unos 625.000 migrantes y refugiados llegaron a Italia en barco desde Libia. En respuesta a esto, Europa ha endurecido sus fronteras mediterráneas, criminalizando las ONG de rescate y reforzando la capacidad de la Guardia Costera Libia para interceptar embarcaciones migrantes en el mar, lo que ha dejado a muchos atrapados en lo que suele considerarse un interminable ciclo de violencia.

 

Pocos saben tanto sobre los horrores cotidianos a los que se enfrentan los migrantes y los refugiados en Libia como Giulia Tranchina. Durante años, esta abogada de inmigración londinense, especialista en asilo y derechos humanos, ha estado en contacto diario con personas refugiadas en Libia a través de aplicaciones de mensajería, invirtiendo buena parte de su tiempo libre dar a conocer a su situación. El trabajo de Tranchina sobre Libia ha sido recogido en muchos medios internacionales, como The Guardian, Al Jazeera, Associated Press, The Times, The New York Times y muchos otros. En esta entrevista, Tranchina habla de los esfuerzos europeos para evitar que los refugiados y migrantes crucen el Mediterráneo y cómo las agencias de Naciones Unidas con frecuencia no alcanzan a protegerlos.

 

Estás en contacto diario con personas refugiadas en Libia. ¿Qué tipo de mensajes recibes estos días?

Por ejemplo, estoy recibiendo mensajes desesperados de un centro de internamiento en Zintan, donde se está reteniendo a unos 380 refugiados, sobre todo eritreos. Están muy lejos de Trípoli, en la región montañosa de Nafusa, donde han sido abandonados desde septiembre de 2018. Estas personas viven y duermen unas encima de otras, en condiciones muy insalubres. Más de 25 personas han muerto en Zintan desde noviembre de 2018, la mayoría de hambre y tuberculosis.

 

​Este verano, el centro de internamiento fue atacado dos veces por hombres armados que dispararon a los guardias del centro. Luego, hace un mes, a consecuencia de un cambio de poder en la región, los guardias entregaron el centro y unos 200 soldados de la Fuerza Conjunta entraron en el campo. No está claro qué va a pasar ahora. A los refugiados les dijeron que los llevarían a otro sitio, pero nadie les ha dicho a dónde. Corren el riesgo de ser trasladados a algún otro lugar horrible, ser forzados a trabajar para el ejército o ser secuestrados y vendidos a traficantes. Los detenidos de Zintan llevan abandonados a su suerte durante años y ahora se encuentran en una situación de desesperación absoluta.

Según el Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN), reconocido internacionalmente, en la actualidad hay 11 centros de internamiento activos controlados por las autoridades gubernamentales. Allí dentro, los refugiados y migrantes son detenidos indefinidamente en base a una ley que criminaliza la entrada irregular, la estancia y la salida del país. ¿Es Zintan un caso especialmente perverso?

Por desgracia, las condiciones son horribles en todos los centros de internamiento. Por ejemplo, en Tarik al-Sikka, un centro de internamiento “oficial” en Trípoli que también hace las veces de sede del Directorado libio para Combatir la Migración Ilegal (DCMI), puede haber mayor disponibilidad de agua y alimentos. Pero también hay celdas secretas en los sótanos donde con frecuencia se tortura a los hombres detenidos. Durante el día se les suele obligar a hacer trabajos forzados.

¿Cuál es el papel de Europa en todo esto?

Los gobiernos europeos están pagando millones a las autoridades libias a través del Fondo Fiduciario de la UE para África (FFUE) de una forma muy poco transparente, además de los fondos que llegan a las autoridades libias a través de canales informales. Los gobiernos europeos pagan para que las autoridades libias impiden que los refugiados crucen el Mediterráneo.

A la vez, Europa está rechazando a las personas en el mar, en la actualidad empleando sobre todo embarcaciones privadas para ello. Lo que es tal vez más importante, Europa ha reforzado la Guardia Costera Libia proporcionándoles equipamiento, formación y fondos. Desde 2016, la Guardia Costera Libia ha interceptado alrededor de 60.000 people en el Mediterráneo y los ha devuelto a Libia. Y a pesar de que Libia es un país atravesado por la guerra y los guardacostas libios realizan los “rescates” con violencia, Europa ha orquestado y apoyado la declaración de un área de búsqueda y rescate libia.

Al hacer esto en lugar de luchar contra los traficantes, Europa está alimentando el brutal mercado del tráfico de personas. En Libia, los migrantes son vistos como mercancías de las que aprovecharse, a través de la tortura para obtener un rescatela esclavitud o la explotación sexual. Los migrantes también son utilizados por las autoridades libias para recibir fondos de Europa. Aunque estos fondos, en teoría, son para mejorar las condiciones en los centros de internamiento, son sistemáticamente desviados, porque no hay ningún mecanismo de seguimiento o control.

¿Hay pruebas de que el dinero europeo está yendo a los centros de internamiento?

No las hay. Pero cuando hablo con refugiados en centros de internamiento, me han dicho muchas veces que las personas que dirigen esos centros han recibido dinero. Por ejemplo, cuando las autoridades del centro dicen que no van a dar de comer a los migrantes detenidos porque se han acabado los fondos de la UE.

 

A veces hay entregas de artículos como productos de higiene, colchones, mantas con un logo de la UE en las cajas. Pero no es posible garantizar que las autoridades libias no confisquen los envíos de ayuda. Una y otra vez, los refugiados detenidos en Abu Salim y Al Khums [también conocido como Souq Al-Khamis] me han contado que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) traía colchones y otros materiales de ayuda que luego las autoridades guardaban con llave y se llevaban por la noche.

¿Hasta qué punto puede considerarse a las autoridades libias responsables de los crímenes cometidos contra los migrantes y refugiados en los campos informales que controlan los traficantes? Después de todo, estos no están afiliados al GAN.

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Por ejemplo, sabemos que en Bani Walid, en el sur de Libia, la policía libia entra constantemente al campo. Es un campo de torturas enorme dirigido por traficantes, pero cuentan con la complicidad de la policía. Algunos de mis clientes aquí en el Reino Unido, menores de edad, fueron capturados por la policía libia, llevados luego a Bani Walid y vendidos a los traficantes. Las historias son horribles. Uno de mis clientes, un niño eritreo de 15 años, fue torturado durante un año y medio en Bani Walid. Intentó quitase la vida y, en castigo por haberlo intentado, fue torturado hasta el extremo perder la movilidad de una pierna.

Omar Shatz, professor de derecho internacional, critica al Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) por hacer de “hoja de parra” para la UE en Libia. ¿Qué hay detrás de esta crítica?

Los politicos europeos afirman que, al dar dinero a agencias de Naciones Unidas como ACNUR y la OIM en Libia, están financiando la asistencia a los refugiados. Sin embargo, la realidad es que las agencias de Naciones Unidas no tienen ningún poder en Libia. El único programa con valor real es el programa de evacuación que gestiona ACNUR, llevando a personas a Níger y Ruanda como lugares de tránsito provisionales y luego reubicándolos en países seguros de la UE.

 

Por desgracia, el número de lugares de evacuación y reubicación prometidos por los países de la UE es totalmente inadecuado. Hay una sección del FFUE que ni siquiera está dedicado a fondos para las agencias de la ONU. Dice claramente que los fondos irán a Libia para impedir la migración irregular, reforzando la Guardia Costera Libia o apoyando a las autoridades libias para controlar y patrullar sus fronteras occidental y meridional.

Desde 2015, la UE ha movilizado más de 500 millones de euros en proyectos relacionados con la migración en Libia. Una fracción considerable de los fondos del FFUE van a parar al programa de retorno “voluntario” de la OIM, que ha ayudado al retorno de más de 50.000 personas a sus países de origen desde 2015. ¿Qué piensas de esto?

Los migrantes que están en Libia están sufriendo horrendas violaciones de derechos humanos. Estos retornos no pueden considerarse en absoluto voluntarios. Aunque un programa así puede salvar la vida de algunos migrantes en Libia, es hipócrita porque no se llevan a cabo los mismos esfuerzos para asegurar que los refugiados en campos de internamientos son llevados a un lugar seguro. Muchas personas detenidas en campos de internamiento oficiales son personas en peligro, inscritas como tales ante ACNUR, y tienen derecho a protección internacional. Mientras tanto, las autoridades libias deportan ilegalmente a solicitantes de asilo de vuelta a sus países de origen, vulnerando la legislación internacional en materia de derechos humanos.

Según ACNUR, hay unos 2.500 migrantes y refugiados detenidos en centros de internamiento bajo el control del Ministerio del Interior libio. Es una reducción sustancial desde los más de 5.000 detenidos en estos centros en enero de 2019.

Algunos centros de internamiento han cerrado, lo que desde luego son buenas noticias. El problema es que han cerrado a causa de circunstancias muy trágicas. Por ejemplo, en julio del año pasado hubo un ataque aéreo contra el centro de internamiento de Tajoura que mató a 53 personas e hirió a más 130, según las estadísticas oficiales. Sin embargo, los supervivientes me informaron de que murieron más de cien personas, tres de las cuales fueron asesinadas cuando los guardias del centro de internamiento dispararon contra ellas cuando estaban tratando de escapar de aquel infierno.

¿Qué aguarda el futuro para los refugiados en Libia?

Por desgracia, soy muy pesimista en cuanto al futuro, esta es una época muy oscura. Pero me gustaría pensar que el sufrimiento de otros seres humanos volverá a importarnos otra vez en algún momento. Como sociedad civil, seguiremos haciendo presión contra las políticas migratorias criminales de nuestros gobiernos.

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Maximilian Ellebrecht

Maximilian Ellebrecht tiene un Grado en Ciencias Políticas y un Grado en Estudios Árabes por la Universidad de Leipzig, así como un Máster en Globalización y Desarrollo de la Universidad de SOAS en Londres. En la actualidad vive en Leipzig, donde trabaja en un alberge de refugiados. Además de su trabajo cotidiano, escribe como periodista freelance y es colaborador y editor en la revista online alemana sin ánimo de lucro dis:orient. Anteriormente trabajo en la Oficina Regional de Amnistía International para Oriente Próximo y Norte de África, en Túnez, donde primero sirvió de apoyo a los equipos de Egipto y Libia como voluntario y luego fue contratado como consultor para investigar el conflicto libio y las dificultades de los migrantes y refugiados en el país.

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