La vida en el país receptor: Relatos de inmigrantes en Marruecos durante la pandemia

BENACHOUR SAI  |  20 DE JUNIO 2020  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS  |  ROUTED Nº10

La nueva pandemia de COVID-19 ha tenido un severo impacto en las vidas de millones de personas en todo el mundo, en especial personas cuyo sustento depende de la movilidad, como los migrantes. Debido al cierre de fronteras, la movilidad restringida y la parálisis económica, los migrantes han quedado atrapados. No pueden regresar a sus países de origen, ni trabajar en el sector informal para ganarse el pan y enviar remesas a sus familias. Así, la situación laboral de las minorías migrantes en Marruecos ha empeorado significativamente a causa del confinamiento. Además, aparentemente no pueden conseguir más ayudas que las de la sociedad civil, a través de organizaciones benéficas y asociaciones filantrópicas. Merece la pena, por tanto, examinar de cerca la política migratoria de Marruecos con respecto a los migrantes regulares e irregulares, y el papel de las organizaciones de la sociedad civil que defienden los derechos de los inmigrantes, especialmente en las circunstancias actuales.

 

En los últimos años, Marruecos ha sido tanto un lugar de tránsito para los migrantes subsaharianos en busca de prosperidad económica en Europa como un lugar de destino para refugiados y solicitantes de asilo, sobre todo familias sirias y yemeníes, que escaparon de la guerra y buscan asentarse definitivamente en Marruecos. En respuesta a las necesidades de la población migrante, el gobierno marroquí puso en marcha una política pionera en 2013, ratificada en 2014: la Estrategia Nacional para la Inmigración y el Asilo. Es una política humanitaria y tolerante basada en un conjunto de recomendaciones elaboradas por el Consejo Real, el Consejo Nacional de Derechos Humanos, la Constitución marroquí de 2011 y las convenciones internacionales en materia de migración. Las principales cuestiones que aborda la Estrategia Nacional son: (1) la gestión de los flujos migratorios, protegiendo los derechos humanos (respetando los derechos de los migrantes y luchando contra la discriminación y el tráfico de personas); (2) la integración de los migrantes regularizados, facilitando su acceso a la atención sanitaria, la educación, la formación, la vivienda y el empleo; (3) actualizar el marco jurídico nacional sobre inmigración en cumplimiento de las políticas sobre migración internacional; y (4) establecer marcos económicos, sociales y culturales adecuados que reflejen la inmigración como fuente de crecimiento económico y diversidad cultural en el país.

 

Hay un abanico de asociaciones de la sociedad civil marroquí y organizaciones internacionales basadas en Marruecos que desempeñan un papel activo en el ámbito de la protección e integración de inmigrantes y refugiados. Estas ONG nacionales e internacionales centran sus objetivos en cuestiones relacionadas con la migración, que van desde el apoyo legal, humanitario y social hasta el acceso gratuito a los servicios de salud, educación y vivienda. Sin embargo, el alcance e impacto que estas ONG logran tener sobre los migrantes no está muy claro y es muy probablemente limitado.

 

El brote de coronavirus ha empeorado las condiciones de vida de la población migrante en Marruecos, haciendo que el mercado laboral sea aún menos accesible. Los migrantes encuentran ahora más dificultades para asegurarse el abastecimiento de alimentos, ante la falta de ayudas económicas del Estado. Como ocurre con los ciudadanos marroquíes, muchos migrantes regulares también han perdido sus trabajos, y los migrantes irregulares ya no pueden trabajar en el sector informal o pedir limosna debido al confinamiento. No tienen más remedio que depender de la asistencia que les ofrece la ciudadanía y las asociaciones de la sociedad civil, ya que el Estado parece incapaz de ayudar a pesar de la Estrategia Nacional. Por ejemplo, la asociación Este-Oeste y la Federación de Asociaciones Subsaharianas en Marruecos han distribuido cestas de comida, desinfectante de manos y mascarillas a los migrantes. De manera similar, asociaciones marroquíes como GADEM (Grupo Antirracista de Apoyo y Defensa de los Extranjeros y los Inmigrantes) y su socio, AMS (Asociación Marroquí de Solidaridad) han intentado identificar a los inmigrantes necesitados y enviarles transferencias de dinero. Sin embargo, el sociólogo Mehdi Alioua subrayó que “el desafío está en que, sin un permiso de residencia o un pasaporte con un sello de entrada de hace menos de 3 meses, las compañías de transferencia de dinero se niegan a hacer los giros de 300 dinares (unas £25) que se envían semanalmente a las personas en necesidad”.

 

Dos migrantes nigerianos se han ofrecido voluntarios para compartir anónimamente su experiencia como parte de la comunidad marginada en Uchda durante el COVID-19. El primer entrevistado es un migrante regularizado, miembro de la Federación de la Comunidad Africana en Rabat. Solía trabajar en el sector informal vendiendo accesorios y otros artículos. Perdió recientemente su empleo por culpa del confinamiento. Relatando su experiencia, dijo:

 

“Estamos en una situación terrible, los alimentos son escasos. La gente que tenemos permisos de residencia hemos perdido nuestros trabajos. Solíamos vender accesorios o pañuelos en la calle. Ahora hemos parado. Lo único que hacemos es pedir, o buscar ayuda de otras personas o de asociaciones. Pero es más difícil para la gente que no tiene permiso de residencia. No pueden moverse porque tienen miedo de la policía. Solo unos pocos conocen las asociaciones y pueden beneficiarse de la comida y otras cosas”.

 

El segundo entrevistado es un migrante irregular que ha estado viviendo en Uchda durante seis meses y está esperando el momento oportuno para cruzar a Europa. Este es el relato de su experiencia durante la pandemia:

 

“Este es mi sexto mes en Marruecos… De hecho, lo que veo es que los marroquíes son buenos. Toda la ropa, los zapatos son donaciones de marroquíes. De hecho, durante este periodo de pandemia de coronavirus, yo mismo he tenido una experiencia muy dura porque no podemos salir a ganar algo de dinero. Nos quedamos en casa. Damos gracias a Dios de estar vivos. Solo recibimos ayuda de las mujeres marroquíes durante Ramadán. Son buenas y cariñosas, ayudando a negros como yo”.

 

A la luz de estos testimonios, es obvio que los migrantes están pasando por un momento difícil ante la ausencia de una asistencia social y humanitaria adecuada. Es realmente necesario que las autoridades marroquíes pongan en marcha intervenciones humanitarias y sociales en este ámbito.

 

En conclusion, la pandemia tiene un fuerte impacto sobre las personas en todo el mundo, especialmente aquellos que están en movimiento. Los migrantes han quedado enormemente afectados, abandonados en lugares extraños, al borde de la pobreza y de la apatridia. En Marruecos, se ven obligados a depender de los ciudadanos y de las asociaciones benéficas para obtener apoyo y acceder a los servicios necesarios.

Benachour Saidi

Benachour Saidi es investigador en el ámbito de la adaptación intercultural de los migrantes y la educación intercultural. También enseña inglés como segunda lengua.

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