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Echar la vista atrás para ver más allá: Redescubriendo el potencial de los legados históricos de la Libre Circulación de Personas en la UE

Cristina Blanco Sío-López  |  17 de agosto 2019  |  Traducido del inglés

Cuadro de Juan Genovés. Fotografía de la autora.

“Un movimiento en dirección contraria,

libre de desconsideradas ambiciones”

Harry Martinson

El valor de la investigación histórica para abordar las políticas migratorias y de asilo contemporáneas es un ámbito al que no se ha prestado suficiente atención durante mucho tiempo. El resultado es una indiferencia perjudicial con respecto al poder de redescubrir nuestro legado común de derechos de movilidad humana, tan lleno de potencial para desbloquear enfoques innovadores aplicables a los obstáculos de nuestro presente. Este es el caso de anteriores iniciativas y proyectos del proceso de integración europea en este ámbito, que son con frecuencia ignorados al acometer los actuales desafíos de la Libre Circulación de Personas (LCP) en la Unión Europea. Sin embargo, este legado podría considerarse incluso un patrimonio inmaterial fundamental, así como un punto de apoyo sólido, retroactivamente innovador, y característico de una paradigmática perspectiva transnacional.

Este artículo defiende la necesidad de “echar la vista atrás” para “ver más allá”, desvelando archivos, actores y acontecimientos históricos omitidos en este campo. De hecho, tanto aquellos elementos que sirven de condicionantes estructurales como distintos proyectos abandonados (los “caminos no tomados”) pueden ser poderosas fuentes de inspiración para  articular derechos de movilidad humana en el ámbito sociopolítico, ligados a lo que Stephanie DeGooyer, Alastair Hunt y Lida Maxwell definen como el más básico “derecho a tener derechos”.

 

El análisis crítico de la historia arroja luz sobre las motivaciones, estrategias y discursos  de distintos actores relevantes; el significado y los matices de un contexto determinado; las implicaciones de sus relaciones causales; las interdependencias entre la memoria colectiva y las direcciones del presente; y la posibilidad de comparar casos distantes, si bien conceptualmente relacionados. En este sentido, es importante preguntarse por qué el análisis crítico de la historia podría ser útil en los esfuerzos antes señalados. Primeramente, porque las actitudes cambiantes hacia los derechos de movilidad humana ilustran cambios sociales más profundos, que han de tenerse en cuenta en la formulación de políticas con base empírica. Segundo, un enfoque así proporciona herramientas oportunas y esenciales para interpretar nuevas nociones de inclusión en una sociedad globalmente conectada. En tercer lugar, puede ayudar a tender puentes entre la investigación y los objetivos en pos de una buena gobernanza global, al vincular puntos de inflexión con los contextos resultantes.

Aplicado a la toma de decisiones políticas, el análisis crítico de la historia podría mejorar nuestra comprensión de los factores entrelazados que condicionan las fronteras, la ciudadanía y el sentido de pertenencia a la UE, como estudian Roberto G. Gonzales y Nando Sigona. Además, nos ayudaría a diseñar contramedidas bien documentadas frente al empobrecimiento y la creciente discriminación de las poblaciones en movimiento, así como formas de promover una solidaridad social sostenible a nivel global. También, al examinar proyectos de políticas migratorias del pasado y sus efectos sobre la integración sociopolítica de nacionales de terceros países, podríamos mejorar las formas de comunitarización progresiva de la integración de inmigrantes, como señala Roxana Barbulescu. Asimismo, ya que la integración social de las poblaciones migrantes y refugiadas es una cuestión crucial de interés global, podría dedicarse una mayor atención crítica a entender cómo la LCP de la Unión Europea en tanto que “cuarta libertad” está quebrándose bajo el peso de las crecientes desigualdades sociales, como defiende Adrian Favell. Dada la predominancia de la integración económica sobre sus dimensiones más sociopolíticas, la LCP de la UE se ha denominado “cuarta libertad” al quedar relegada tras las otras tres libertades de circulación del Espacio Schengen: capital, bienes y servicios. En este sentido, el cambio de enfoque propuesto por Adrian Favell podría abrir el camino para fomentar modelos sostenibles de movilidad social vertical. En pocas palabras, esta perspectiva podría contribuir decisivamente a reconfigurar los derechos de movilidad humana, hoy severamente amenazados.

 

Un observatorio paradigmático para llevar a cabo esta tarea puede encontrarse en los archivos del Parlamento Europeo, que registran las formas cambiantes de implementación de la LCP de la Unión Europea. En efecto, los responsables del Parlamento Europeo buscaron un equilibrio entre las prioridades del mercado único y la preeminencia de la LCP como un fin en sí misma dentro del proceso de integración europea. Por ejemplo, los legisladores del Parlamento Europeo denunciaron cómo los propósitos del mercado interior pretendían eclipsar la defensa de los derechos y libertades democráticas per se. En este sentido, la influencia del Parlamento Europeo quedó reflejada en la Declaración Solemne de las Tres Instituciones de junio de 1986, centrada en combatir todas las formas de discriminación, racismo o xenofobia. Se hizo eco de esto el eurodiputado Roy Perry (EPP-GB), quien hizo hincapié en los desafíos de la inseguridad, la xenofobia, el envejecimiento y la pobreza urbana, que “no podrían ser ignorados en el proceso de desarrollar un área de libre circulación sin fronteras internas”.[1] Además, los debates del Parlamento Europeo sobre el concepto naciente de una “Europa de los ciudadanos” subrayaron “el valor de la contribución hecha por los inmigrantes a la construcción de una sociedad europea multinacional y multicultural”. [2]

 

Echando la vista atrás hacia la primera guerra del Golfo, podemos observar un marcado contraste entre las consideraciones éticas del pasado y del presente con respecto a los refugiados que huyen de conflictos y guerras:

 

El Parlamento Europeo espera que la guerra del Golfo no sea utilizada como un pretexto para endurecer el control de las fronteras externas sin que esté justificado por razones de seguridad. [3]

 

Esta idea estaba también vinculada a un reconocimiento de los derechos de movilidad humana como medio clave para enriquecer el desarrollo comunitario. Como señaló la eurodiputada Dagmar Roth (V-DE), el objetivo era:

 

una coexistencia en la que todos aquellos que viven aquí y trabajan aquí tengan los mismos derechos. No es una exageración, sino sino el fundamento de la democracia. [4]

La eurodiputada Roth se refirió también a la amenaza de normalizar la anulación de los derechos de movilidad humana al alterar el equilibrio entre libertad y seguridad a favor de esta última, así como al rendirse la UE a la primacía de la integración económica:

Los derechos humanos son universales e inalterables. El derecho de asilo, el derecho a vivir con la propia familia, el derecho a desplazarse, las convenciones internacionales, no deben ser interpretados de una forma en épocas de expansión económica y de otra en tiempos de recesión. [5]

La eurodiputada Pailler (GUE/NGL-FR) también ofreció una de las mejores definiciones de la “Europa fortaleza” en los debates parlamentarios examinados:

 

Me opongo a la creación de esta “Europa fortaleza”, que al acentuar su propia seguridad hace oídos sordos a las súplicas de las víctimas de la represión y la pobreza; esta Europa discriminatoria, en la que el dinero circula libremente, mientras que hombres y mujeres no pueden cruzar las fronteras del miedo y la indiferencia. [6]

El eurodiputado Mohamed Alí (GUE/NGL/ES) subrayó a su vez la idea clave de la “integración sociocultural de los inmigrantes”, denunciando cómo los principios fundacionales de la integración europea estaban siendo manipulados, si no directamente eliminados:

 

En este espacio Schengen que se está creando, debería haber una cláusula que posibilitara poner en marcha políticas comunes en materia de integración sociocultural de inmigrantes, evitando cualquier discriminación de personas o grupos por razones de raza, color o religión o motivos de orientación nacional, social o étnica. [7]

 

La LCP de la Unión Europea está considerada – en palabras de Claus Offe – como uno de los logros más significativos y populares de la integración europea. Este éxito socialmente reconocido podría verse reflejado en una UE que actúe, principalmente, como un actor político definido por el compromiso ético que constantemente ponga de relieve las dimensiones de derechos humanos, la solidaridad y la cohesión social del proceso de integración europea. Mientras presenciamos el retroceso de estos desarrollos, el análisis crítico de la historia puede renovar el compromiso de reestablecer un diálogo decisivo entre ciudadanos e instituciones, destinado a reemplazar brechas sociales cada vez más tóxicas. En efecto, este punto de vista fundamental puede ayudarnos a rastrear principios fundacionales de la UE para reavivar el poder transformador de la innovación política y producir un impacto social positivo: “Un movimiento en dirección contraria, libre de desconsideradas ambiciones”.

Notas y referencias: 

[1] EP debates on a motion for a resolution by Mrs. Veil and others on the ‘People's Europe’, No 2-368, p. 51. OJC 674/88, 13/08/1988.

[2] Motion for a Resolution of the EP on the ‘Citizen's Europe’, OJC 497/88262, 13/09/1988, pp. 40-41.

[3] Motion for a Resolution of the EP on the ‘Schengen Agreement’, OJC 0086/91, 14/02/1991. 

[4] EP debates on ‘Immigration’, 15/07/1993 pp. 150-165.

[5] Ibid.

[6] EP debates on ‘Schengen and the right of asylum’, No 4-461, 06/06/1995, pp. 202-206.

[7] Ibid.

Dr Cristina Blanco Sío-López

Dr. Cristina Blanco Sío-López es Profesora Adjunta de Cultura y Política Europea en la Universidad de Groningen. A partir de septiembre de 2019 será senior global fellow del programa Marie Sklodowska-Curie del Horizonte 2020 de la UE e Investigadora Principal del proyecto “Navigating Schengen: Historical Challenges and Potentialities of the EU’s Free Movement of Persons, 1985-2015” (NAVSCHEN) en el Centro de Estudios Europeos - Centro de Excelencia Jean Monnet de la UE (JMEUCE) de la Universidad de Pittsburgh durante dos años, para después incorporarse a la Universidad Ca’ Foscari de Venecia. Anteriormente ha sido Santander Senior Fellow en el Centro de Estudios Europeos del St. Antony’s College de la Universidad de Oxford, del que sigue siendo miembro senior. Se doctoró en Historia y Civilización (Historia de la Integración Europea) por el Instituto Universitario Europeo de Florencia (EUI), recibiendo el premio FAEY de Investigación y Movilidad Europea a la mejor tesis doctoral en 2008.

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