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Construir redes para la maternidad: Las experiencias de jóvenes madres refugiadas sirias

Sara Eltokhy  |  14 de febrero 2020

Una mujer siria con su hija. Imagen de Rostyslav Savchyn en Unsplash.

En Siria, hay personas para ayudarte en todo, cuando quería ir a comprar algo, podía dejar a mis hijos con mi madre, de aquella solamente mi hija porque mi hijo no había nacido aún. Pero aquí no tienes a nadie, tienes que llevar a tus niños contigo. Sientes que la vida es más difícil. Cada pequeña cosa se hace más difícil.*

Aquí Lamia, una refugiada siria, estaba explicando las desventajas que muchas mujeres refugiadas encuentran en los países de acogida debido a la falta de redes sociales en las que normalmente se apoyan. En concreto, hablaba de las dificultades relacionadas con el cuidado de los hijos para las madres que están en los primeros años de la maternidad.

Después de marcharse de Siria hace seis años en un viaje que la llevó primero a Egipto, donde pasó un año, y después a Italia, Lamia llegó a Milán con sus dos hijos para reencontrarse con su marido. Tuvo que hacer frente a la realidad de estar sola y sin la ayuda de su familia y sus redes sociales habituales. Cuando empezó a buscar cursos de italiano, descubrió que tenía pocas opciones para escoger, ya que estaba limitada a los cursos que le permitían llevar consigo a su hijo, todavía demasiado pequeño para ir a la guardería.

No admitía estar con otros, gritaba “Quiero quedarme con mamá”, y yo no lo podía llevar a clase conmigo, así que muchas veces asistía a clase del otro lado de la puerta. Ponía juguetes para él en el suelo o en una mesa fuera, y asistía clase de pie al lado de la puerta.

Lamia aprendió a aceptar esta falta de apoyo como una parte más de su vida, pero aún así, dice, “en momentos de crisis, como una enfermedad o un apuro económico, estas crisis grandes son las que sacan a la superficie los problemas de estar expatriada”. Un año después de llegar, a su hijo le diagnosticaron autismo. Su condición requiere un tipo específico de cuidado, que recae sobre sus hombros por ser la principal cuidadora del hogar.

A diferencia de la situación de Lamia, marcada por la ausencia de apoyo a la crianza de los niños, Kinda, una mujer siria de 30 años, llegó a Italia con su marido, dos hijos y su suegra. Todos viven en el mismo apartamento. Para Kinda, el lado positivo de lo que considera una “situación incómoda” es que su suegra le ayuda a cuidar a los niños: “Sé que si salgo de casa va a haber alguien con ellos y estarán seguros al cien por cien, porque ella se preocupa por ellos más que yo”.

Salwa, otra madre siria que ha vivido en Milán durante dos años, habló sobre el apoyo al cuidado de los hijos al que ella pudo acceder a través de un canal diferente. Salwa dijo que aunque su hijo tiene cinco meses, está buscando activamente empleo debido a los apuros económicos. Explica que mantenía una buena relación con su vecina egipcia que se convirtió en una amistad, hasta el punto de que su vecina se ofreció a cuidar de su bebé en caso de que ella encontrase trabajo. La amiga de Salwa ejerció el papel que normalmente se asocia a los miembros de la familia proporcionando apoyo y cuidados.

 

La historia de Salwa concuerda con la idea de que en situaciones de migración y de ausencia de lazos familiares, los amigos se convierten en “familias de elección” y pueden reemplazar a la tradicional red familiar, ofreciendo el mismo tipo de apoyo necesario.

Las redes sociales se consideran un recurso valioso para los refugiados en las sociedades receptoras, especialmente durante los primeros años. Estas redes les facilitan el acceso a recursos e información esenciales para desarrollar su vida en contextos nuevos y desconocidos. Como subrayó Louise Ryan en su study, las redes proporcionan “un contrapeso frente a las desventajas que los migrantes pueden encontrar en la sociedad de destino”. 

La realidad cotidiana de las madres refugiadas ofrece oportunidades para involucrarse en distintos tipos de redes relacionadas con las responsabilidades maternas. Tanto Kinda como Lamia forman parte de redes sociales por medio de las  actividades de sus hijos, sobre todo relacionadas con la escuela. Ambas hablaron de su falta de conocimiento del sistema educativo cuando llegaron, lo que podría haber resultado en que sus hijos perdiesen un curso si no hubiera sido por el apoyo de otras madres que encontraron allí.

Lamia tuvo la oportunidad de conocer a una mujer siria del colegio de su hija, que se ofreció a ayudar a matricular a su niña en la escuela y le dio recomendaciones sobre distintos colegios de la zona:

Recuerdo que cuando llegué fui al colegio para la matrícula, me dijeron que volviese al año siguiente. Ella me vio, y mi hija estaba conmigo. Me preguntó. “¿Qué edad tiene tu hija?” y yo le contesté, y luego me dijo, “¿la matriculaste en el colegio?”, le conté que no sabía dónde ni cómo. Me dijo: “Vale, amñana podemos vernos, y haré la matrícula por ti”... También me habló de un buen colegio, que es el mejor colegio de aquí.

Kinda tuvo una experiencia parecida; conoció a una amiga palestina a través del colegio de su hijo, y le ayudó a matricularlo. Más adelante, cuando Kinda y su marido pusieron en marcha su propio negocio, esa misma amiga utilizó sus redes sociales más consolidadas para ayudarles a hacer publicidad.

Los relatos de estas tres mujeres sirias ilustran cómo las redes sociales recientemente formadas les ayudaron a llevar a cabo sus responsabilidades maternas, proporcionándoles un apoyo instrumental e informativo. Sin embargo, la falta de apoyo emocional queda de manifiesto en sus testimonios. Todas estaban de acuerdo en que este tipo de apoyo solo puede proceder de las propias familias y en que tenían dificultades manejando las relaciones transnacionales con sus familiares y amigos en Siria. Como afirmó Lamia, hay un lado positivo: “Gracias a dios que hoy en día existen las aplicaciones para hacer llamadas, creo que si hubiera tenido que vivir en el extranjero hace diez años, no hubiera sobrevivido. ¡Gracias a dios!” Al mismo tiempo, Kinda observó con tristeza, “mi madre está enferma y no puedo ir a verla, mi hermano está en un lado y mi hermana está en el otro, nuestras relaciones familiares dependen ahora del teléfono”.  

Las entrevistas se realizaron entre febrero y marzo de 2019. Para garantizar la confidencialidad, se han empleado seudónimos para todos los participantes en este artículo.

Sara Eltokhy

Sara es urbanista e investigadora. Estudió un máster en Urbanismo y Diseño de Políticas en la Universidad Politécnica de Milán. A través de su investigación aúna su interés por las migraciones y por los estudios de género dentro de los discursos y prácticas del urbanismo.

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