Oh, mis zapatos, cuánto han viajado...

Moi, mes souliers ont beaucoup voyagé …

KATARZYNA SKOREK  |  15 DE AGOSTO 2020  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS  |  ROUTED Nº 11

En medio del lago helado: Morskie Oko, Montes Tatras. Todas las imágenes son de Katarzyna Skorek, enero 2020.

Rodeada por estos Montes, estoy en medio de un lago helado, como un diminuto copo de nieve.

Siento que su intensidad me envuelve. Estoy en su elemento. Soy su invitada, y me revelan su belleza.

Dejo que la fuerza del hielo bajo mis pies me sostenga.

La frescura del viento me libera y revitaliza. Aunque es un viento glacial, da calor a mi cuerpo y mi ser.

Nunca olvidaré está sensación.

Si hubiera podido hacer que la Tierra dejase de girar, solo para permanecer arraigada, afianzada en este momento, para detenerlo y aferrarme a él, lo hubiera hecho.

Y entonces ocurrió.

Unas pocas semanas más tarde, un virus se hizo con el control del planeta y nos obligó a parar, a detenernos, a permanecer inmóviles.

Este recuerdo del mes de enero en los Montes Tatras en Polonia, la tierra en la que nací, vuelve a mi mente con frecuencia durante el confinamiento aquí en Québec por la pandemia. Este recuerdo regresa no a través de la nostalgia, sino más bien con un sentimiento de gratitud.

Estoy agradecida... por haber tenido la oportunidad de volver a mi país de nacimiento antes de que la mayoría de las fronteras en el mundo se cerraran, por un periodo de tiempo indefinido.

 

Estoy agradecida... por haber oído esa voz dulce en mi interior que susurraba “bienvenida a casa”... después de que las ruedas del avión tocasen tierra en el aeropuerto de Cracovia.

Estoy agradecida... por haber tenido la oportunidad de crear nuevos recuerdos, en persona, con mi familia en Polonia; por haber visitado a amigos queridos y haber entablado nuevas amistades.

Estoy agradecida... por todos los bonitos encuentros durante mi estancia y mis viajes en los últimos años que me han permitido realizar mi sueño: vivir la experiencia de los Montes Tatras en los meses de invierno.

Vista de los Montes Tatras desde la cima de la Gubałówka.

* * *

En este viaje me acompaña mi amiga polaca, guía de montaña en la región. Me recomienda sendas, señala las cosas que “no debo perderme” durante mi estancia, y se ofrece a guiarme a través de los Montes.

Me embarco en un sueño más allá de mis expectativas: tres días de inmersión en los Montes.

* * *

Casa familiar tradicional de madera de Helena Gąsienica-Roj, guía de los Tatras en Zakopane.

Salimos pronto esta mañana. La cálida luz del amanecer próximo nos guía entre las ramas a lo largo del camino.

Durante varios kilómetros, camino entre la nieve. El único sonido que alcanzo a oír es el de mi respiración, sincronizada con mis pasos cautelosos.

De pronto, me doy cuente de que a pesar de mi cansancio por el viaje y el trajín diario que me consume en mi día a día... Me encuentro a mí misma dejándome llevar por una profunda paz y fuerza interior.

Desde este lugar muy dentro de mí se liberan rápidamente todos los bloqueos y miedos. Con cada paso y cada respiración, la brisa rejuvenecedora de las montañas se los lleva.

 

Absorbo la fuerza de las montañas. Su poder.

Confío en mi cuerpo, mientras lo físico y lo mental se funden en uno solo.

Todo se vuelve parte de mí.

Los miedos se han ido.

Los bloqueos se han ido.

Respiro, y sigo avanzando paso a paso.

Sonrío.

El sendero nevado e intacto nos lleva con expectación entre los picos hasta el lago Morskie Oko, “el Ojo del Mar”, en la cumbre del monte.

Las únicas huellas visibles son las nuestras y las de otros caminantes que se entregan también a las montañas.

Está calro que los turistas aún están despertándose. 

De camino al Morskie Oko.

Solo quedan unos pasos más.

Me encuentro inmersa en la belleza de este paisaje.

He llegado.

Recibo el abrazo y la bienvenida de algo que ha estado esperando por mí todo este tiempo.

Su alma se funde con la mía.

* * *

Vista de los Montes Tatras a la llegada al refugio de Morskie Oko.

 

Y entonces, el Sol nos saluda ante la punta de nuestras narices. Asoma entre dos picos, y rápidamente se esconde juguetón detrás de uno de ellos.

Respiro profundamente y me detengo, dándoles un momento a mis ojos para que absorban la belleza de la Naturaleza.

Cierro los ojos. Estoy agradecida. Estoy feliz. Estoy en casa.

 

Hay una ligereza que nos supera, una vez que superamos los miedos.

Hay una forma de magia, tanto dentro de nosotros como a nuestro alrededor, que se manifiesta una vez que rebasamos nuestra zona de confort.

Dedico un momento a arraigarme y afianzarme antes de continuar mi camino.

* * *

Momento de descanso cerca del Morskie Oko.

Sé que es necesario emprender el camino de regreso…

Con el paso de los años, Polonia y los Tatras se han convertido en un refugio para mí. Esta cadena montañosa singular y única que se extiende a través de la frontera con Eslovaquia se ha vuelto un campamento base donde puedo regenerarme.

En el recorrido de vuelta montaña abajo, vuelvo a pensar en el momento en el que me enamoré por primera vez de las montañas, y las veces en que me sentí aún más enamorada de ellas, una y otra vez...

Una amiga mía de la ciudad en la que nací me había acompañado en mi iniciación a las montañas hace años, un otoño.

Me sentí como una aventurera en una expedición, y me alegré ante la oportunidad de descubrir este suelo sagrado, popular para algunos y desconocido para la mayoría.

 

He tenido la oportunidad de venir de nuevo con mis amigos quebequeses y franceses y guiarles en el descubrimiento de este tesoro.

Estoy agradecida de poder viajar con regularidad hasta aquí, la tierra donde nací.

… pero…

También pienso en la tierra que me acogió y que he hecho mía.

Quebec.

Desde mi infancia, esta tierra ha sido el terroire donde he construido mi vida.

Esta tierra, su gente y su cultura, que están esperando mi regreso.

Sigo caminando sobre esta nieve blanca y profunda, recordando nuestro invierno quebequés en el que me sumergiré pronto, en cuanto aterrice.

Bajo la mirada hacia mis zapatos. Dan un paso detrás de otro. Los sigo mientras recuerdan la dirección que deben seguir.

Helena Gąsienica-Roj cruzando las fronteras polaca y eslovaca, Kasprowy Wierch.

En este momento, la canción del gran cantautor y músico quebequés Féliz Leclerc inunda mi mente. Es él quien canta esta canción de significado profundo y gran importancia cultural: “... moi, mes souliers ont beaucoup voyagé...”.

Oh, mis zapatos, cuánto han viajado...

Esta letra y esta melodía me acompañan de regreso al campamento base de la montaña.

* * *

Vista de las Montañas Eslovacas desde Polana Głodówka, Bukowina Tatrzanska.

Satisfacción.

La ruta ha terminado.

La adrelina sigue palpitando.

De vuelta en el campamento base, me doy cuenta de que este no es el destino final, sino un nuevo comienzo. Tengo aún tanto que ver y descubrir.

Pienso en el viaje y en el equipaje que aún tengo que preparar, pero antes vuelvo la vista una vez más hacia la belleza de estas magníficas montañas...

* * *

... Oh, mis zapatos, cuánto han viajado...

Vista panorámica desde la cima de Kasprowy Wierch sobre uno de los principales picos de las Montañas Eslovacas, Krywań.

Compruebo mi cinturón de seguridad y pongo mi asiento recto.

El avión comienza a descender sobre el Aeropuerto Pierre Elliott Trudeau en Montreal.

Al aproximarnos a tierra, veo el suelo cubierto de nieve blanca recién caída.

 

... Sonrío...

Las ruedas del ruedas tocan suavemente el suelo y vamos reduciendo la velocidad. Los motores se apagan.

* * *

Paso el control de pasaportes, recojo mi equipaje y al cruzar las puertas de cristal la voz dulce que me dice “Bienvenida a casa” vuelve a susurrar en mi interior, mientras veo a mi padre que espera para darme la bienvenida con un cálido abrazo en la zona de llegadas.

* * * 

Mis pies se hunden en la nieve al salir del aeropuerto. Miro mis zapatos.

Oh, mis zapatos, cuánto han viajado...

Respiro profundamente y me detengo.

… La frescura del viento me libera y revitaliza. Aunque es un viento glacial, da calor a mi cuerpo y mi ser.

Cierro los ojos. Estoy agradecida. Estoy feliz. Estoy en casa. 

 

Mi hogar no tiene fronteras.

Mi hogar está allá donde resuene mi corazón.

Vista panorámica desde la cima de Kasprowy Wierch, sobre los Tatras Occidentales.

Qué agradecida me siento, por estas “pequeñas cosas”...

… como mis zapatos, zapatos únicos, con los que he viajado… 

… Me recuerdan las “pequeñas cosas” esenciales en la vida, también la de un migrante: de dónde venimos, hacia dónde vamos, y a quién llevamos con nosotros en los viajes a lo largo de la vida...

Aunque las montañas no son pequeñas, el proceso de viajar a través de ellas, llegar hasta la cumbre, disfrutar las vistas, emprender la bajada, integrar las experiencias del ascenso y el descenso, conectar con mi historia de migración, experimentar y preguntarme sobre los zapatos singulares que lleva cada persona, caminando por su propia senda y creando su propio viaje como ser humano.

... ¿Adónde han viajado tus zapatos?

Katarzyna Skorek

Polaca de nacimiento que llegó a Canadá de niña en los años 80 durante el periodo de Solidarność, Katarzyna Skorek es emprendedora y tiene un máster en gestión de empresas culturales de HEC Montreal, así como más de 15 años de experiencia profesional en la cultura y el turismo. Su experiencia e investigación le han llevado a la Academia Europea de Diplomacia en Varsovia donde obtuvo un diploma en organizaciones internacionales. Su investigación se interesa por la gestión intercultural e intergeneracional, las migraciones, la diplomacia diaspórica y la identidad cultural. Ha presentado su investigaciones y reflexiones sobre su propia experiencia como migrante de generación 1,5 en conferencias en Cracovia, Gdańsk, Dublín y Ottawa. Le apasiona la promoción de su tierra natal y construir puentes entre el país que la ha acogido y su país de origen. Katarzyna@skorepresentation.com

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