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¿Es realmente la migración regular más segura para los migrantes? Los peligros de equiparar “migración regular” y “migración segura”

Hallam Tuck  |  19 de abril 2019

Nuestras ideas de orden, seguridad y control están inscritas en las dinámicas de poder y desigualdad intrínsecas a la migración como proceso social. Fuente: Semtrio.com

Un folleto distribuido por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Zimbabue en 2005 muestra a una mujer caminando que mira hacia atrás y sonríe feliz, con un bebé amarrado a la espalda y una maleta sostenida con delicadeza sobre la cabeza. El pie de foto dice: “¿EN CAMINO? LA VIDA ES UN VIAJE: MANTÉNGASE SEGURO”. Entre 2005 y 2010, la OIM llevó a cabo la “Campaña de información sobre viajes seguros” para sensibilizar a la opinión pública sobre los riesgos de la migración irregular. En total, la campaña incluyó pósters, vallas publicitarias, programas de radio y televisión y el establecimiento de centros llamados “Zonas seguras” en comunidades específicas, donde la gente podía aconsejarse sobre migración irregular. El mensaje que impregnaba la campaña es claro: la migración irregular es peligrosa y la migración regular es segura. Desde 2005, los objetivos de la migración regular y la migración segura se han ido solapando cada vez más en los programas y políticas de desarrollo. Aún así, esta asociación ha reducido el alcance de lo que se considera viable en el ámbito de la gobernanza migratoria, rechazando ahora las formas de movilidad calificadas de “desordenadas”.

 

Desde que se incluyó la migración entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, y la conclusión del Pacto Global sobre Migración, el objetivo de facilitar las migraciones “seguras, ordenadas y regulares” se ha convertido en una prioridad para los decisores políticos de todo el mundo. La idea de que la migración debe ser gestionada de manera ordenada a través de las instituciones estatales no se cuestiona. Esta perspectiva sugiere que la migración es buena, pero que debe gestionarse adecuadamente para evitar el desorden social y político. El coro de académicos, líderes políticos y decisores que abogan por las “migraciones gobernadas” ha defendido durante años los potenciales beneficios de programas de visados temporales que permitirían a los migrantes de países en desarrollo acceder a oportunidades de trabajo poco cualificado en países desarrollados. Los potenciales resultados de estos programas suelen presentarse como un “win-win-win”, una situación con triple ganador: oportunidades económicas para los migrantes, mayores remesas para sus países de origen, y mayores facilidades para que los empleadores en los países de destino cubran su necesidad de mano de obra poco cualificada.

 

Sin embargo, la triple victoria de las migraciones “seguras, ordenadas y regulares” ha demostrado ser esquiva. Muchos se preguntan quién se beneficiará al incluir la migración de forma tan prominente en la agenda de desarrollo de la ONU. De forma parecida, la solución de triple victoria ha sido manipulada para favorecer una agenda de control explícito. En su reciente libro Whiteshift, Eric Kaufmann propone crear campos de larga duración en países ricos “sin perspectivas de establecimiento permanente” como alternativa a la integración de migrantes, solicitantes de asilo y refugiados en las sociedades occidentales. Esta propuesta, según Kaufmann, proporcionaría el tipo de control sobre el movimiento migratorio necesario para apaciguar a las “mayorías blancas” en Occidente, y evitar un ascenso aún mayor de las fuerzas políticas populistas. La propuesta de Kaufmann es un ejemplo extremo del que el concepto de migración “regular y ordenada” puede poner en escena, sugiriendo de hecho que la gestión ordenada de la migración requiere de reducciones sustanciales de derechos humanos y protección a los refugiados.

 

Más allá de las propuestas, el impulso para lograr el objetivo de migraciones “seguras, ordenadas y regulares” ha generado una variedad de programas específicos que tratan la migración como una deficiencia que hay que controlar y gestionar. Por un lado, la estrategia de ayuda humanitaria de 2015 del gobierno británico enumera las “causas profundas de la migración masiva” como un “gran desafío global” similar al terrorismo y al cambio climático. En términos más pragmáticos, la OIM, la Agencia Estadounidense de Ayuda al Desarrollo y el gobierno egipcio lanzaron en 2017 una campaña mediática conjunta en Egipto para “concienciar a la juventud de los riesgos de los viajes migratorios irregulares”. Un vídeo de la campaña, titulado “Tu familia, tu sueño, tu vida” muestra a un joven descontento de su vida en Egipto que toma prestado dinero de su familia y contrata a un traficante de personas para que lo lleve a Europa. El vídeo pasa de las imágenes del hijo empeñando las joyas de su madre a una manos intercambiando dinero sobre la mesa de un café anodino. En el culmen del vídeo, el protagonista desciende por un túnel oscuro, presumiblemente hacia Europa, hasta que detiene sus pasos el famoso futbolista egipcio Hazem Emam. Emam pone una mano llena de sabiduría en el hombro del joven y dice a cámara el mensaje fundamental del vídeo: que “las soluciones existen y vienen de dentro de nosotros mismos a través del trabajo duro, la perseverancia y la iniciativa”. Por algún motivo, la nota de prensa emitida por la OIM acompañando el lanzamiento de la campaña declara que la iniciativa apoya el objetivo de “reducir las desigualdades” del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 10.

 

No obstante, no está claro si el movimiento ordenado hace que la migración sea más segura. En un artículo reciente, Maryann Bylander se basa en una encuesta a 1491 migrantes retornados tras trabajar en Tailandia, realizada en 2016 en Camboya, Laos, Birmania y Vietnam, para examinar si usar vías regulares para la migración hace que los migrantes estén más seguros. En Tailandia, de manera muy similar a la anterior campaña de la OIM en Zimbabue, Bylander señala la existencia de varios programas de desarrollo que hacen hincapié en los riesgos percibidos de la migración irregular y la seguridad relativa de desplazarse por vías regulares. Los deportados que se encuentran en centros de internamiento tailandeses ven vídeos pregonando los beneficios de las rutas migratorias legales, mientras que del otro lado de la frontera las ONG realizan talleres y atienden líneas telefónicas para difundir información sobre los riesgos del tráfico y la trata de personas, y la documentación necesaria para emigrar al extranjero.

 

Aunque las vías regulares ofrecen algunas protecciones mayores en términos de derechos y beneficios laborales, los migrantes regulares son más propensos a experimentar otros riesgos relativos al proceso migratorio. Estos pueden incluir estafas, engaños en los contratos, y retención de los salarios. Además, a pesar de los costes notablemente más altos del viaje, los migrantes regulares se encuentran con peores resultados a su regreso. Aunque no dejan de ser parciales, estas conclusiones coinciden con los datos de otros programas temporales de trabajo en el mundo. En Estados Unidos, los programas de visados para trabajadores poco cualificados están plagados de casos de explotación. Un informe de 2015 de la Oficina de Transparencia del Gobierno sobre visados H-2A y H-2B, que permiten a los empleadores agrícolas contratar trabajadores migrantes con contratos temporales, encontró pruebas de un abuso generalizado de los trabajadores de temporada, especialmente vulnerables porque su situación legal y sus ingresos estaban ligados a su empleador. En un contexto distinto, las críticas académicas al Pacto de Jordania, un pacto multilateral liderado por Naciones Unidas que trataba de aumentar el acceso de los refugiados sirios al mercado laboral jordano, son similares. Según el trabajo reciente de Katharina Lenner y Lewis Turner, el Pacto de Jordania ha pasado por alto lo que los sirios quieren realmente obtener del mercado laboral jordano, y no aborda la vulnerabilidad y los abusos que los refugiados que buscan trabajo a través de este programa.

 

Las migraciones “seguras, ordenadas y regulares” serán probablemente uno de los principales objetivos para los decisores políticos en los próximos años. Sin embargo, nuestras ideas de orden, seguridad y control están inscritas en las dinámicas de poder y desigualdad intrínsecas a la migración, en tanto que proceso social. Lograr un resultado “win-win-win” requerirá confianza para pensar más allá de los estrechos confines de la “migración gestionada”. Separar el objetivo de la seguridad de la preocupación por el orden permitirá un debate más sólido sobre formas de gobernanza de la migración, como la libertad de circulación, que son necesariamente menos ordenadas.

Hallam Tuck

Hallam Tuck realizó un Máster en Estudios Migratorios en la Universidad de Oxford, donde centró sus investigación en el poder del Estado, la privatización y el internamiento de inmigrantes en Estados Unidos. Antes de sus estudios de posgrado, Hallam fue organizador comunitario en el programa de reasentamiento de refugiados de Catholic Charities en Siracusa (Nueva York), y Asociado de Iniciativas Legales en la New York Immigration Coalition.

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