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El amor más allá de los etiquetas: Acogida de refugiados en la tierra de los amish

Sophia Iosue  |  14 de febrero 2020

Lancaster se precia de ser un hogar para los immigrantes. Cortesía de la autora.

El condado de Lancaster en Pennsylvania es conocido por su numerosa población amish, y atrae al turismo con experiencias tradicionales que se desvinculan intencionadamente de las comodidades modernas como la electricidad o los coches. Los domingos por la mañana, los carros tirados por caballos suelen atascar el tráfico, y el Mercado Central de Lancaster se llena de puestos de amish que venden productos lácteos y horneados en casa. Conocido por su mentalidad cristiana conservadora, tanto lugareños como turistas siempre han pensado en Lancaster como un símbolo de una forma de vivir tradicional. Sin embargo, después de un vídeo de la BBC de 2016 titulado “La capital americana de los refugiados” por acoger veinte veces más refugiados per cápita que cualquier otro lugar en Estados Unidos, Lancaster empezó a tomar una identidad diferente. Históricamente, el voto del condado de Lancaster ha sido conservador,  y las elecciones de 2016 no fueron una excepción. Aunque “conservador” y “cristiano” se usan juntos cada vez con mayor frecuencia en EE.UU. para referirse a los evangélicos blancos partidarios de las políticas migratorias restrictivas de Trump, Lancaster complica la perspectiva. La comunidad ha aprovechado su identidad como un lugar de “bienvenida”, modelado en muchos sentidos por su pasado.

Pennsylvania fue fundado sobre el principio de libertad religiosa por William Penn con el objeto de crear un refugio de la persecución a los cuáqueros en Europa. Los amish también se unieron al experimento de Penn, trasladándose al condado de Lancaster hace cientos de años para escapar de dicha persecución. Se instalaron en la fértil tierra de Lancaster y han mantenido su forma de vida tradicional y su comunidad aislada. Los amish son conocidamente apolíticos, con bajas tasas de registro electoral y de participación, incluso a pesar de esfuerzos como AmishPAC, que se busca específicamente atraer a los votantes amish al Partido Republicano. Los amish son parte de la tradición anabaptista, que incluye también a los menonitas y otras “órdenes” amish y menonitas que requieren distintos grados de adherencia a los modos de vida tradicionales. Si bien los amish se apoyan unos a otros cuando lo necesitan, mantienen por lo general una distancia con respecto a la sociedad moderna. 

Los menonitas también tienen una presencia activa en la acogida de refugiados en Lancaster. Tienen la tradición de enviar misiones al extranjero, a lugares como Somalia y Birmania, origen de dos colectivos de refugiados ya establecidos en Lancaster, y el Comité Central Menonita es una de las principales organizaciones que trabajan con refugiados en Lancaster. Aunque la inmigración (y el reasentamiento de refugiados) ha resultado ser una cuestión controvertida para los cristianos evangélicos blancos, las conversaciones sobre la idea de “bienvenida” han calado en muchas parroquias. Independientemente de su inclinación religiosa, la gente de Lancaster ha demostrado su apoyo con carteles que salpican las aceras de Lancaster desde hace algunos años: “No importa de dónde vengas, estamos contentos de que seas nuestro vecino”, escrito en árabe, inglés y español. El origen de los carteles está en una iglesia menonita en Virginia, y se han convertido en un movimiento por sí mismos.

Ahora forma parte del acervo popular la idea de que Lancaster siempre ha sido un lugar abierto, subrayada en una exposición titulada “Aquí les damos la bienvenida: 300 años de refugiados en el condado de Lancaster” y promocionada por la oficina de información y turismo el año pasado. Muchos sitúan el inicio de la acogida de refugiados en la llegada de los anabaptistas (amish y menonitas), originalmente venidos como refugiados. Sin embargo, el vídeo de la BBC fue determinante para iluminar la importancia de la zona en el proceso global de reasentamiento. Esta importancia se vio reafirmada por artículos del New York Times que resaltaron la diversidad y la revitalización de Lancaster. La “bienvenida” ha dado a los lugareños una manera positiva de describir Lancaster y ha ayudado a conseguir recursos para apoyar ideas como Bridge, un negocio creado por un emprendedor que también llegó como refugiado. Bridge ofrece “experiencias”, permitiendo a sus clientes reservar comidas con familias refugiadas y compartir comida de distintas culturas. Recientemente se asoció con LoKal Experiences, otro pequeño negocio que proporciona experiencias auténticas en la tierra de los amish, para organizar una cena en una granja amish con refugiados y la comunidad local. La cena incluía comida de ambas culturas. Las reseñas de la cena señalaban que los refugiados y los amish se sintieron unidos en sus diferencias con el resto de la población local. Pueden hablar idiomas distintos, mantienen comunidades estrechamente unidas, y con frecuencia incluso trabajan juntos. La cena ilustra las nuevas formas de compartir que Lancaster está explorando, abriéndose a culturas de las que incluso los lugareños de toda la vida suelen saber poco. 

El reasentamiento vinculado a la religión tiene una larga historia, y no siempre va ligado al cristianismo. Seis de las nueve agencias nacionales de reasentamiento de refugiados están vinculadas a la fe, y cada vez cobra mayor importancia el “enfoque multireligioso” en la acogida y las iglesias refugiadas. El cristianismo conservador es parte de la historia de Lancaster, y es provechoso hacer uso de esta identidad para promover la participación en la comunidad, sin perder de vista el efecto que la etiqueta de “refugiado” pueda tener en la aceptación y la comprensión hacia otros grupos de inmigrantes. “Jesús era un refugiado” es una apelación común a la conciencia cristiana en favor de la acogida de refugiados. Recurrir continuamente al término “refugiado”, una construcción política, puede tener el efecto indeseado de favorecer una etiqueta burocrática por encima de otros grupos de inmigrantes que no cumplen los requisitos para obtener esta condición. Existen debates sobre la clasificación de los migrantes y la naturaleza política de dar derechos y acceso a determinados servicios a unos grupos y no a otros, algo que se ha denominado “fetichismo categórico”. En lo que respecta a las apelaciones basadas en la fe, hay que recordar que “refugiado” es un término político, y que la bienvenida debería extenderse más allá de sus límites.

Por suerte, Lancaster parece estar a la altura de este desafío. La ciudad se precia de ser un hogar para los inmigrantes, y en 2019 se convirtió en una ciudad con “certificado de hospitalidad”. Hoy es el ejemplo de una comunidad que ha reivindicado su identidad y ha dado a la gente el espacio para asumir su propio papel desarrollándola, independientemente de los debates políticos o religiosos y más allá de los títulos administrativos. Desde un punto de vista institucional, puede resultar necesario diferenciar entre refugiados y migrantes. Pero a nivel local, estos términos deberían volverse irrelevantes si el imperativo realemente es el de “amar al prójimo”.

Sophia Iosue

Originaria de Lancaster, Pennsylvania, Sophia Iosue está realizando un máster en Estudios Migratorios en la Universidad de Oxford. Estudió un grado en Literatura Comparada y Gobierno en la Universidad de Harvard.

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